El bebé que no pudieron devolver

Una pareja pagó 60,000 dólares por gestar un hijo propio en el cuerpo de alguien más, pero fijó, por contrato, el precio de cancelarlo. Ella dijo que no, cruzó tres estados y ahora un juez decide de quién es el bebé.

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POR Gabriel Bauducco

@gabrielbauducco

El aperitivo

Un hijo no se devuelve, ¿o sí? Una pareja de Los Ángeles lo intentó dos veces: primero le pidió a la mujer que lo gestaba que abortara; después la demandó para que le devolviera el dinero. En el medio, ese bebé nació con una malformación cardíaca grave, para la que ya fue operado una de la tres veces necesarias. Hoy, tres tribunales, en tres estados, siguen discutiendo a quién “le pertenece” el niño. El “material genético” de unos, viviendo y creciendo en el cuerpo de una tercera persona. Si esto te parece, como mínimo, incómodo, lee hasta el final.

El plato fuerte

En agosto de 2025, Omar Ahmed y Nausheen Gilkar contrataron a McKenna West, enfermera de Alaska, para gestar a su hijo. En la semana 20 de embarazo, un diagnóstico cambió todo: síndrome de corazón izquierdo hipoplásico; una malformación que exige, como mínimo, tres cirugías desde el nacimiento. La pareja pidió abortar, pero West se negó y, dos días antes del parto, viajó a Texas, donde el aborto está fuertemente restringido. Dio a luz el 13 de agosto. Un juez ordenó tratamiento vital para el bebé; la pareja obtuvo una orden que le prohíbe a West tocarlo, ni siquiera verlo. Ellos lo llaman Rumi. Ella lo llama Baby Gabriel. Dos nombres para el mismo niño.

LO QUE DECÍA EL CONTRATO

Fijaba 6,000 dólares mensuales desde el comienzo del tratamiento y la gestación (es decir 60,000 ya pagados) y una cláusula aparte: 2,000 dólares por interrumpir el embarazo. Sí, eso también estaba previsto. Todo tenía tarifa, incluso la posibilidad de que ese hijo dejara de existir. Unos 5,000 extra si el bebé debía nacer por cesárea, 500 por cada noche de internación. Hoy, la pareja demanda a West por más de 100,000 dólares: quiere recuperar lo que ya le había pagado, más una cifra sin especificar por “conducta maliciosa”.

¿HUYÓ DE LA LEY O LA USÓ MEJOR QUE ELLOS?

El contrato se firmó en Alaska, el parto estaba previsto en California, pero  terminó sucediendo en Texas,  donde la mujer que da a luz es, por defecto, la madre legal. West no violó ninguna cláusula de jurisdicción: activó una ley distinta, que le dio el peso legal que en California no tenía. Hay un antecedente incómodo: en un caso casi idéntico, otra gestante le dijo a un juez que el contrato la trataba como “un animal de cría o una incubadora”. Ahora la ley, incluso la más favorable a la subrogación, reconoce ese límite: nadie puede ser obligada a abortar, ni siquiera por contrato.

La sobremesa

DOS PADRES, UN BEBÉ, CERO ABRAZOS

Gilkar, sobre un hijo que nunca sostuvo, afirmó: “Es la persona más hermosa que nunca vi. Está sufriendo mucho”. West, sobre el único contacto que tuvo con él: 60 segundos, antes de que se lo llevaran. Ahmed y Gilkar pidieron dos devoluciones  –el embarazo primero, el dinero después– y ninguna se las dieron en un juzgado. El cuerpo de otra persona no es una mercancía con garantía de satisfacción. En la modernidad que construimos, donde ya se puede comprar un embarazo y ponerle precio a un aborto antes de que exista el embrión, los hijos, incluso los que se pagan, no tienen política de devoluciones. ¿Hasta dónde llegaremos en pos de satisfacer nuestros deseos? ¿Cuáles son los límites éticos? Muchos se preguntan si una persona tiene derechos sobre el cuerpo de otra (la madre gestante, el mismo bebé), pero veo a pocas personas preguntándose si ha llegado la hora de pensar en quiénes nos convertimos cuando compramos el derecho de decidir sobre los demás.

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Gabriel Bauducco (@gabrielbauducco) es un periodista que hizo carrera entre redacciones, sets de TV y libros de no ficción. Ha dirigido varias revistas. Hoy combina su faceta de entrevistador con la de editor, moviéndose entre medios, aulas y foros de discusión sobre política y comunicación.

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