La diáspora argentina en México es ‘migración calificada’. La Jefatura de Gabinete estima 50,652 personas -tercera comunidad sudamericana más numerosa-, con licenciatura y posgrado por las nubes. En la Benito Juárez, donde muchos se asientan, la escolaridad promedio es de 14.6 años, la más alta del país, contra 9.7 nacional. Ese “che insoportable” probablemente dirige una multinacional, monta el restaurante que amas o investiga en un laboratorio. Y hay deuda de cariño: tras la dictadura del 76, México abrió las puertas a miles de exiliados, y de ahí nació el legado Argenmex.
Bueno, pero ¿quién gana de esto? En este próximo domingo específico, gana la FIFA, obvio, haciendo uso de la receta infalible de crear un villano y divide y vencerás. La final de 2022 (Argentina-Francia) juntó 1,500 millones de espectadores globales, la más vista de la historia, según FIFA, y todo apunta a que la de 2026 va a, por mucho, a romper ese récord.
La mayoría de los mexicanos estamos en actitud de, pues, entre Guatemala y Guatepeor… que gane España (con quien tenemos mucha más historia compartida y varios pollitos que comernos con los gachupines, aunque en el inter varios ya reclaman su nacionalidad española), pero que no gane Argentina, dicen.
Dos remates. Uno de management: Scaloni les muestra a sus jugadores el odio para encender rebeldía y unir al grupo, el hate como combustible. Otro para bajar los humos: el intercambio comercial México-Argentina cayó 25.33% en un año y Argentina es apenas el socio número 31 de México. Mucho grito, poca chequera.



