“Esto es relevante porque 500 años después se repite el patrón sin control: alguien decide que Meghan es una mujer malvada y de pronto la prensa comienza a repetir un discurso que llega hasta la gente menos interesada en las monarquías y la convierte en el enemigo público número uno. ¿Su delito? Ser inconsistente, o hablar mucho de sí misma, o ser pretenciosa en su narrativa. Todos conocemos políticos que son mucho peores, que han mentido descaradamente en nuestras narices y que les han costado vidas, ¿y alguien los trata como a ella? ¡No!”.
Si bien es cierto que la cobertura hacia Meghan ha sido preponderantemente machista: “Ella tiene la culpa de todo”, como si el príncipe Harry fuera un niñito o una persona sin capacidad intelectual para pensar por sí mismo. También hay que anotar que ella ha sido inconsistente, incongruente, que ha ocultado, mentido y cambiado datos y narrativas anteriores sin reparo, y que cada entrevista que da es peor que la anterior… O se queja de su familia política y del Reino Unido, o habla desde la superioridad moral de cómo ser madre trabajadora o dice que es la persona más auténtica del mundo con palabras rimbombantes y miradas estudiadas a eje de cámara.



