La otra monarquía pro familia es la de Noruega, cuyo rey, el recientemente fallecido Harald V, se hizo a un lado y mantuvo el silencio ante las crisis de su hijo, el príncipe heredero Haakon, cuya esposa Mette-Marit es mencionada en los Epstein files, que la echaron de cabeza como “amiguis” del fallecido convicto por abuso infantil y tráfico de personas, al grado de haberse hospedado en su casa de Florida.
Además, la princesa consorte ya tenía encima el caso de su hijo natural Marius Borg, nietastro de Harald. El chamaco resultó una fichita: dealer de drogas (como su padre, la pareja de Mette antes de conocer al príncipe Haakon), violentador de mujeres y abusador sexual. En un juicio que duró siete semanas, acumuló 38 crímenes de los cuales fue declarado culpable de varios, incluidas dos violaciones. Le dieron cuatro años de prisión que apeló para pasarlos en libertad condicional.
Así, el príncipe heredero protegió a su esposa como caballero medieval del Siglo XI y dijo a las cámaras y medios de Europa: “Mi prioridad es como padre, después como esposo y por último como rey. Primero están el bienestar de mis hijos, incluido Marius (su hijastro) y la salud física y mental de Mette. Después de eso cumpliré con mis obligaciones”. PUM.



