Un escritor premiado fue acusado por un robot de utilizar robots para escribir. Esa misma semana se anunció un concurso...
Libros escritos con IA: ¡qué razón tenía Bender!
Un escritor premiado fue acusado por un robot de utilizar robots para escribir. Esa misma semana se anunció un concurso literario para escribir con robots. IA, no entiendo nada.
El aperitivo
El plato fuerte
Lo que se dice acerca de la novela Donde el agua trabaja parece en sí misma la premisa de una novela de ciencia ficción. El escritor peruano David Silva Rojas fue acusado de escribir la historia con inteligencia artificial. Pero lo verdaderamente impresionante no solo es que ganara un certamen, como lo fue la primera edición del Premio Internacional de Novela Breve —cuyo resultado fue dado a conocer en julio—, sino que las tres escritoras que conformaban el jurado, Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, no lo advirtieran. Las bases del concurso prohibían utilizar inteligencia artificial generativa. Incluso, los participantes firmaban una carta donde se comprometían a respetar esa cláusula y dejar a los robots fuera del asunto. Hasta que el periódico El País sometió el manuscrito al escrutinio de un robot y publicó el resultado el mismo día en que la novela se presentaría en Madrid.
En realidad fue Pangram, un software especializado, el que resolvió que el 99% de Donde el agua trabaja exhibía el uso de patrones de IA en su confección. El País destapó un escándalo literario digno de llevarse al cine. Tarde, pero el autor salió a defenderse. A través de un comunicado que publicó en sus redes sociales, manifestó: “Soy el autor de Donde el agua trabaja. Yo concebí, escribí y revisé esta novela. No utilicé herramientas de inteligencia artificial generativa para crearla, redactarla ni revisarla”. Nos lo juró por el Osito Bimbo, pero, para sorpresa de nadie, las personas le creen más a las máquinas que a las personas.
El narrador peruano dijo que cuenta con notas y apuntes que sustentan su defensa. También se mostró abierto a colaborar con la editorial en la investigación. Pero el daño ya estaba hecho. Almadía suspendió la gira de promoción de la novela. Aunque al mismo tiempo se generó una ola inconmensurable de publicidad tanto para la obra como para Silva Rojas, y no sería raro que las ventas se vieran beneficiadas y las reseñas negativas le jugaran a favor. Sabemos que al final la mala publicidad también es publicidad.
David Silva Rojas
Aun así, no podemos dar por hecho que David Silva Rojas es culpable, porque la única prueba de que usó a un robot para escribir… es la palabra de otro robot. Suena como los modelos CAPTCHA que, para asegurarse de que nos circula sangre en las venas y no aceite, nos obligan a identificar todos los semáforos de una imagen.
A la novela de Silva Rojas se le acusó de haber sido escrita por una máquina debido a sus silencios, frases cortas y la atmósfera minimalista de la historia, algo que suelen replicar los modelos de lenguaje. Aquí conviene apuntar algo: los modelos de lenguaje se alimentan de la creatividad humana. Es decir, ¿quién inventó los silencios, las frases cortas y el estilo minimalista? ¿Puede acusársele de robo al ser humano que primero fue víctima de un robo por una máquina, solo porque otra máquina asegura —teniendo como prueba solo su robótica autoridad— que robó? Cualquiera de los que a diario convivimos con la IA sabemos que tiende a alucinar con más intensidad que Los Beatles cuando escribieron Lucy in the Sky with Diamonds.
Disclaimer: el uso de los guiones es mío y lo he hecho desde antes de utilizar procesadores de texto, cuando hacía mis tareas de la escuela en la máquina de escribir.
Volviendo al tema, pongámoslo en otras palabras y solo como una suposición de culpabilidad de Silva Rojas. Un escritor se vale de un robot para escribir una novela acerca de un ser humano. En este caso, acerca de una muchacha indígena sometida a una cruel explotación laboral. Luego de publicar la historia, otro robot dictamina que el ser humano usó a una máquina para escribir y, en el camino, engañó a las humanas que dictaminaron por unanimidad a la novela ganadora.
Entonces sí, detrás de ese 99% de patrones de escritura que Pangram identificó como creados por una IA queda un 1% escrito por un ser humano. Una pestaña y tres escamas de piel, dijera el poeta Bender.
La sobremesa
Esta semana se dio a conocer el lanzamiento del Premio Pascal de Literatura Creada con IA. Si no puedes con el enemigo, lo mejor es que le tiendas la mano. El certamen reconocerá obras creadas con la colaboración de herramientas de IA generativa. Fue fundado por los empresarios Philippe Rodriguez, Albin Serviant y Gilles Mentré, y la idea es que los textos generen una conciencia acerca de los desafíos ecológicos, sociales y éticos que enfrenta la raza humana.
Pum.
Yo ya no entiendo nada.
De acuerdo con la convocatoria, se evaluará “la calidad literaria, la originalidad narrativa y estilística, la coherencia de la obra y el dominio de la colaboración humano-IA”.
Lo más desconcertante es que los jurados serán cinco seres humanos. Ya encarrerados, hubieran reclutado por lo menos a un robot.
Como diría el buen Bender, en el segundo episodio de la primera temporada de Futurama, cuando lo expulsan de un parque de diversiones en la Luna a consecuencia de su mal comportamiento: “¡Voy a armar mi propio parque de diversiones, con juegos de azar y mujerzuelas! Es más, ¡olvídense del parque!”.
IA, ya no se sabe en quién confiar.
Arturo J. Flores (@arturoeleditor)
Es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.
Arturo J. Flores (@arturoeleditor)
Es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.
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