Las caricaturas a las que me hice adicto

Deepstash se publicita como el TikTok de quienes quieren aprender sobre historia, negocios y liderazgo. Lo confieso: sí caí.

El aperitivo

En días recientes, descubrí el origen del miedo a los gatos negros. Sucede que durante el medievo, se creía que las brujas se convertían en uno para pasar inadvertidas durante la noche, por lo que, además de asesinar a una gran cantidad de mujeres que osaban estudiar y ser cultas, los inquisidores exterminaron a una gran cantidad de felinos.

También me sumergí en la filosofía de Marco Aurelio. Se cuenta que el emperador romano pasaba las noches escribiendo cartas. En una de ellas, argumentó que el ser humano se desgasta emocionalmente intentando controlar lo que sucede a su alrededor. La realidad es que las personas solo podemos hacernos cargo de cómo nos hacen sentir los estímulos que nos bombardean. Lo contrario es algo que se conoce como “gritarle al clima”. Es decir, si llueve, por más que insultemos a una tormenta, al fenómeno climático le vale absolutamente lo que digamos.

Incluso aprendí la razón por la que los aeropuertos suelen colocar los carruseles de equipaje lo más alejados posible de las puertas de embarque. El hallazgo se debe al aeropuerto de Houston, el primero en descubrir que la gente que espera sin hacer nada suele perder la paciencia con más facilidad que aquella que se mantiene ocupada. Si de los ocho minutos que demoramos en caminar desde que abandonamos el avión hasta que recogemos nuestra maleta caminamos seis, es mucho menos probable que nos enfademos.

El plato fuerte

Caí en las garras de una app llamada Deepstash. Se trata de una aplicación de microrrelatos de historia, filosofía, ciencia, negocios y tecnología que se publicita con una promesa que en principio no me parecía atractiva: extraer la esencia de un gran libro para convertirla en una historia de video corto —cada cápsula dura cinco minutos— de la que se puede obtener una enseñanza.

Incluso, se precia de ofrecer un funcionamiento muy similar al de TikTok, “para gente que desea aprender algo”. El TikTok de los ñoños, pa’ pronto.

“No me interesa”, pensé cuando apareció la publicidad, “yo prefiero leer los libros completos”. Ajá. Para cuando me di cuenta ya había pasado más de media hora consumiendo comerciales de Deepstash. Mientras escribo estas líneas aún no la he descargado, pero cada vez estoy más tentado a hacerlo. El algoritmo lo sabe: ahora además de los promocionales, me han aparecido decenas de ofertas y descuentos en mi feed.

La app funciona por dos razones primordiales. La primera es la misma por la que cualquier contenido digital se viraliza: porque te inyecta un shot de dopamina directo en el cerebro. La otra tiene que ver con esa ilusión de que al explorar Deepstash estamos aprovechando el tiempo. Claro, porque estamos tan ocupados haciendo cualquier cosa que no tenemos tiempo para leer o estudiar. Así que después de invertir un buen rato viendo videos en los que nos explican el conflicto bélico de Medio Oriente o el significado detrás de las calabazas de Halloween, sentimos que somos más cultos e inteligentes.

De hecho, los videos promocionales de la app son protagonizados por personajes animales humanizados al estilo BoJack Horseman. Sobre todo por un zorro sofisticado, seguro de sí, impecablemente vestido, con unas dotes destacadas para la negociación y el autocontrol, que hace suspirar a todos los personajes femeninos del cuento. No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que la publicidad cambia y se ajusta para generar identificación en la persona que lo consume. Es decir, que a una mujer le debe aparecer una protagonista femenina (hay una coneja y una loba que se presentan como ejecutivas empoderadas) que igualmente hace referencias a historias que sucedieron a economistas, filósofos y emperadores de la humanidad.

Los ganchos de Deepstash no pueden ser menos atractivos: “Conviértete en la persona más interesante de la reunión” y “la historia es mucho más que fechas y reyes muertos”.

Hace unos años leí un artículo en una revista en la que entrevistaron a varios escritores acerca de sus hábitos de lectura. Carlos Monsiváis y José Agustín se disputaban los primeros lugares. Decían que terminaban entre cinco y seis libros por semana. Eran tiempos en los que aún no existía internet.

Recuerdo también que una vez quisieron venderme un curso de lectura rápida. Me prometieron que podría pasar las páginas de cada volumen a una gran velocidad, comprendiendo y reteniendo al cien por ciento todas las ideas. Con toda mi arrogancia, les dije que no, que a mí me gustaba leer y que no tenía prisa por acabar mis libros.

“No tengo prisa por leer. Me gusta leer”, dije y me levanté de la mesa.

La sobremesa

Hace meses que decidí no abrir más TikTok. Cuando lo hago, no me permito pasar más de diez minutos consumiendo videos. Su algoritmo está diseñado para generar adicción. Nos ofrece uno detrás de otro, contenidos rápidos que se ajustan a nuestros intereses.

Había podido lidiar con ello hasta que comenzaron a aparecerme los videos de Deepstash.

Sobre todo porque hoy, durante una comida, saqué a relucir algunas de las historias, curiosidades y datos que aprendí. Maldita sea, por un momento me convertí en el zorro trajeado, seguro de sí mismo, con habilidades de liderazgo y negociación.

Me sentí como aquella frase que por error se atribuye a Groucho Marx, aunque jamás la pronunció, ni dentro ni fuera de sus películas: “Aquí están mis principios y si no le gustan tengo otros”.

Ni siquiera de niño me gustaban las caricaturas.

Maldita sea. Es que nadie me las había presentado así.

Picture of Arturo J. Flores (@arturoeleditor)

Arturo J. Flores (@arturoeleditor)

Es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.

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Arturo J. Flores (@arturoeleditor)

Es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.

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