@arturoeleditor
Aunque no lo creas, hay empresas en las que quieren que te rías del jefe. Muchos líderes convierten los reportes en una rutina de stand up comedy.
Todos los años, Jeff Bezos le presenta sus resultados financieros a sus inversionistas. En su libro Crea & divaga, el magnate habla de su aversión a PowerPoint. Sus colaboradores más cercanos están obligados a escribir en documentos de Word. Para él, la expresión escrita pesa mucho más, como herramienta de comunicación, que cualquier diapositiva enchulada.
En el año 2000, cuando las acciones de Amazon se desplomaron más de 80%, la primera palabra que el empresario escribió fue:
“Ouch”.
Seguida de un: “Ha sido un año brutal para muchos en los mercados de capitales y ciertamente para los accionistas de Amazon”.
Bolas de paja en el despacho oval
La seriedad es percibida como un valor en el mundo de los negocios. Entre más imperturbable, recia e incólume se muestre una persona en medio de una negociación, mejor.
Po-po-poker face, dijera Lady Gaga.
El humor, en cambio, se toma como una muestra de debilidad. ¿Quién tiene ánimos de escuchar un chiste cuando se tienen en juego millones y millones de dólares… o, peor aún, una guerra?
Mucho menos si la broma es de mal gusto. Donald Trump es todo un experto en realizar comentarios fuera de lugar disfrazados de chascarrillos. A propósito de la incursión bélica en Irán, le soltó a la primera ministra de Japón un chiste sobre Pearl Harbor.
“No se lo contamos a nadie, porque buscábamos el factor sorpresa. ¿Y quién sabe más de sorpresas que Japón? ¿Por qué no me avisaron de Pearl Harbor?”, dijo esperando desatar una avalancha de carcajadas.
Pero en el despacho oval no hubo más que pacas de paja rodando movidas por el viento.
No nos extrañe que alguien tan impedido para sacar una risa mantenga una guerra declarada contra humoristas como Stephen Colbert o Jimmy Fallon.
Sin embargo, bien ejecutado y atendiendo a los principios del sentido común, el humor no tendría por qué ser exiliado de los espacios de trabajo. Incluso una broma sutil sirve como anestesia en momentos de crisis. No debió ser sencillo para Bezos reconocer delante de las personas que le inyectan capital a su compañía que las acciones habían caído, pero ese sencillo “ouch”, seguido de un informe detallado con cifras, análisis de riesgos y medidas a considerar para paliar la emergencia, hizo que la noticia fuera asimilada con más suavidad.
Líderes de roca, estatuas de sal
En su libro Hazlo con humor. Ríete como un niño, triunfa como un adulto, la doctora Jennifer Aaker y la consultora empresarial Naomi Bagdonas abordan las ventajas de trabajar en ambientes donde no sólo se permite, sino que se fomenta el humor.
Una de las principales tiene que ver con la relación entre error y humor. Los espacios de creación en los que se permite fallar son, a la vez, los más susceptibles a innovar. No es extraño. Si tienes la seguridad de que no te correrán por implementar alguna idea loca que al final no funciona, tu cerebro se sentirá mucho más seguro para encontrar soluciones creativas. Varias de las empresas tecnológicas de Silicon Valley operan a partir de este principio.
Pero uno de los capítulos más interesantes del texto de Aaker y Bagdonas se refiere a la vulnerabilidad de los líderes. Se titula Lidera con humor.
La posición de jefe, por razones estereotípicas, se percibe como la de un ser humano de piedra. Alguien que nunca llora ni se frustra, mucho menos se equivoca. A un líder se le venera y pocas veces se le cuestiona, pero bajo ninguna circunstancia te ríes de ella o de él.
Cuando menos, no de frente.
Porque sabemos -y la adaptación mexicana de The Office, La oficina, nos lo ha dejado claro- que el jefe suele ser blanco de burlas, bromas y apodos… aunque esa persona ni siquiera lo sospeche.
¿A poco no hemos tenido un Jerónimo Ponce III en nuestro CV?
En lo personal, recuerdo a un CEO para el que trabajé durante buena parte de mi carrera. Jamás lo escuché pronunciar la frase “me equivoqué”. Era como el emperador de la fábula. Aun cuando se paseaba desnudo por los cubículos -hablando en sentido figurado-, estaba convencido de que llevaba un traje dorado que sólo los imbéciles eran incapaces de ver.
En la mente de su equipo, el líder se deshacía igual que una estatua de sal.
En Hazlo con humor, las autoras citan a su vez a la experta en liderazgo Dana Bilsky Asher: “La risa sirve a los líderes no a pesar de la vulnerabilidad que expone, sino gracias a ella. Es un camino directo a la confianza en el seno de los equipos”.
Hay estudios que lo demuestran.
Los colaboradores de una organización sienten mucha más confianza si su líder se muestra delante de ellos como alguien de carne y hueso. Nadie quiere rendirle cuentas a un reptiliano que proviene de un planeta donde nadie mete la pata.
Te mando Bezos desde el espacio
La CEO de Spanx, Sara Blakely, organiza algo conocido como oops meetings, en reuniones en las que la ejecutiva comparte con todos los empleados su más reciente error. Después organiza un baile para celebrarlo. Convencida de que el miedo al fracaso es una de las principales causas por las que se frena el progreso en las corporaciones, ella pretende liberar de ello las mentes de sus trabajadores. Por eso se muestra vulnerable. Pero además, quiere que se rían de ella para que se sacudan los kilos de cortisol.
Casi al mismo tiempo que Britney Spears nos puso a cantar Oops… I Did It Again, Jeff Bezos no tuvo pudor en retomar la frase para iniciar la carta en la que reconocería la caída de sus acciones. Sabía que se iban a reír de él.
En el otoño de 2026, la NASA encargó a Blue Origin, propiedad del magnate, una misión robótica para explorar el polo sur de la Luna. Ahí es donde la agencia espacial considera construir la primera colonia humana en el satélite.
El que ríe al último, ríe mejor.
Arturo J. Flores (@arturoeleditor) es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.
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