El arte de “resolver a la mexicana”

Los millones detrás de México 86

El aperitivo

Goles de escritorio y la mafia de pantalón largo

Si creían que el verdadero drama del futbol ocurría en la cancha, les falta calle corporativa. Justo en la antesala de nuestro Mundial tripartita de 2026, Netflix nos sirve en bandeja de plata México 86. Esta joya, dirigida por Gabriel Ripstein y protagonizada por Diego Luna, no es la clásica historia deportiva de superación, es una sátira negrísima sobre cómo la burocracia de la FEMEXFUT y el oligopolio televisivo le arrebataron la sede a Estados Unidos y Canadá tras la renuncia de Colombia en 1983 (porque Pablo Escobar).

Olvídense de los goles. Aquí la acción sucede en los despachos de Zúrich, entre sobornos disfrazados con botellas de tequila y puñaladas por la espalda para proyectar una falsa resiliencia ante la crisis política y el sismo de 1985. Es una punzante radiografía de nuestra idiosincrasia y de la delgada frontera que separa nuestro aclamado “ingenio lúdico” del comportamiento abiertamente corrupto.

El plato fuerte

De la morralla al lujo corporativo: por qué no te alcanza para 2026

Pasemos a los números que de verdad mueven la aguja. Esta producción no operó con morralla. Las estimaciones sitúan su presupuesto entre 8 y 15 millones de dólares, fondeados por Gaumont USA y Netflix. Este músculo financiero es una pieza clave de los 1,000 millones de dólares que la plataforma invertirá en contenido original en México. El gasto fuerte se destinó a recrear la estética analógica de la ciudad y a los efectos visuales (VFX) para revivir la devastación del sismo y llenar el Estadio Neza 86 con multitudes digitales.

Su efímero estreno en cines en mayo fue un mero trámite para cumplir normativas de premios; el verdadero retorno de inversión estalló el 5 de junio con su debut digital masivo. Y hablando de retornos y exclusividad, la película nos obliga a mirar cómo ha mutado el negocio fuera de la pantalla.

Llévense este benchmark sobre la supermercantilización a su próxima reunión: mientras un boleto del Mundial 86 costaba 30,000 pesos de la época -que tras la eliminación de tres ceros en el 93 equivaldrían nominalmente a unos irrisorios 30 pesos de hoy, pagables en su momento con un par de días de salario, hoy las entradas estelares para 2026 alcanzan los 150,000 pesos. Puesto en perspectiva, esto demanda más de 476 días de trabajo íntegro con el salario mínimo actual (¡año y medio de trabajo!). El deporte mutó definitivamente a un bien suntuario corporativo.

La sobremesa

El “Cachirul, Octavio Paz y el comfort food para la cruda moral

Para su próxima plática de café: el protagonista está inspirado en Rafael del Castillo, el directivo que aseguró la sede en los ochenta pero terminó expulsado de por vida por el infame fraude de los «Cachirules» (alteró las actas de nacimiento de los jugadores).

Y aquí va una confesión: el casting es sencillamente perfecto. El talento de Diego Luna es tal que logra arrancar en mí esa innegable empatía de mentalidad mexicana del a huevo, no sabemos cómo, pero orita vemos cómo sí se puede”. Esa capacidad de adaptabilidad y agilidad mental que nos hace sentir especiales, chingones. Viendo la película, me entusiasmé con el personaje transa de Luna y pienso: “¡Sí, a huevo, chíngatelos!”.

Luego, en la reflexión de la película y el intercambio de opiniones en casa, me viene a la mente Octavio Paz en El laberinto de la soledad: “Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado”. ¿Cómo puedo emocionarme de transar, sobornar, engañar y engatusar a otros? Qué ladinos somos. Me siento mal de haber celebrado los éxitos del protagonista. De esa doble moral tan nuestra, en la que todos hemos soltado un billete para evitar una multa, pero cuando vemos las noticias decimos: “por eso estamos como estamos”. Un gran retrato de nuestra “simpática” manera de ser. Chapeau a Diego Luna y Ripstein.

Y como ya está evidenciada la doble moral, no les voy a mentir buscando proyectar perfección. De lunes a viernes tuve comidas con clientes y pedí sopas ligeras, ensaladas y pescados asados con verduras. Pero la neta, el fin de semana que me dispuse a ver la peli, abrí Uber Eats y pedí The Cheesecake Factory con mis favoritos: boneless con extra aderezo, papas fritas, ooooooobvio una rebanada de cheesecake y una Coca Zero (para equilibrar, jajaja). Pues sí, total, esa soy yo… y seguramente también muchos de ustedes. Como postula Ripstein: “Somos muy chingones hasta que no lo somos”.

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Sagrario Saraid (@ssaraid) es fundadora y directora de dobleuEse Atelier, agencia de comunicación con más de 20 años de experiencia en proyectos editoriales, manejo de crisis, branding y marketing digital. Sagrario ha colaborado con marcas como HP, The New York Times, Peanuts, SAP, Fibra Danhos, Intel, GCC, Cisco, Diez Company y Great Place to Work, por mencionar algunas. Y sigue creyendo que las mejores ideas nacen en una buena sobremesa.

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