@arturoeleditor
Del dolor nacen las grandes ideas. Sí, cuando las cosas van mal no vemos la luz, pero lo que hagamos con eso depende sólo de nosotros.
El viernes pasado una pareja de amigos me invitó al opening de su departamento. Me vi obligado a atravesar, en hora pico y en viernes de quincena, de extremo a extremo la ciudad. Además de que las cervezas que había comprado para la ocasión se habían calentado, el conductor del transporte de aplicación decidió someterme a una ensordecedora e infame sesión de música de banda. No digo que sea mala, pero no me gusta.
La tristeza vende y vende bien
Estaba a punto de pedirle, de la mejor manera, que tuviera la bondad de bajar el volumen, cuando me detuve a escuchar con detenimiento la letra de la canción. Lo más sencillo hubiera sido utilizar Shazam, pero confieso que lo importante no era descubrir de quién se trataba. Simplemente me atrapó el carácter fatalista de la letra. Una tras otra, las canciones relataban con mayor crudeza los aspectos más sórdidos de la conducta humana: celos, infidelidades, traiciones, mentiras, desamor. Durante los diez o doce tracks que salieron por las bocinas no escuché ninguna que hablara de una relación sana, de un amor correspondido o de una felicidad completa.
Las cifras son claras. Busqué en una playlist de Spotify algunas de las canciones más exitosas del regional mexicano. Aunque soy neófito en la materia, hasta yo sé que Carín León es uno de los intérpretes más populares. Su canción Según quién suma un total de 1,093,234,087 reproducciones.
Pero la fatalidad nos encuentra en terrenos que van mucho más allá de una canción.
Vidas trágicas, creatividad infinita
Hace algunos años estuve en el Bronx, en New York City, visitando la última morada de Edgar Allan Poe. Como es sabido, la existencia del autor de The raven se resume en el salto de una desgracia a otra. Además de su asfixiante situación económica, la adicción al alcohol y a las drogas, la pérdida de las mujeres con las que se relacionó -Virginia, por cierto, falleció de tuberculosis en el Cottage del Bronx- y la constante falta de reconocimiento como escritor fueron minando su espíritu hasta que la muerte lo alcanzó el 7 de octubre de 1849, en circunstancias misteriosas.
Pero no menos oscuras son las biografías de otras y otros artistas, como Vincent van Gogh, Anaïs Nin, Marcos Ana, Ludwig van Beethoven, Ed Wood y Amy Winehouse, solo por mencionar algunas y algunos que seguramente nunca escucharon música de banda, pero cuyas vidas pudieron inspirar algunas de esas canciones que acompañaron mi viaje el viernes por la tarde.
No está mal si atravesamos períodos de infortunio. “Lo que no te mata, te hace más fuerte”, dicen las abuelas y, sin lugar a dudas, el dolor puede utilizarse como fuente de inspiración, motor de creación y combustible para nadar otra vez hasta alcanzar la superficie y respirar de nueva cuenta.
La sabiduría de vérselas negras
Cuando se está feliz y enamorado, rara vez quiere uno sentarse a inventar obras que cambien el mundo. Solo cuando el dolor nos asfixia sentimos esa imperiosa necesidad de ajustar cuentas con la realidad de forma creativa.
Así nació Facebook. Mark Zuckerberg creó TheFacebook, luego conocido como Facebook, a partir de un sinsabor romántico y el bullying escolar. También Roy Raymond, el creador de Victoria’s Secret, fundamentó la marca en la vergüenza que le generaba asistir a un almacén para comprarle lencería a su esposa. Incluso, una canción aparentemente romántica como Every breath you take, de The Police, en realidad ofrece el punto de vista de un acosador: “Cada paso que des, estaré observándote”.
Incluso, Atomic habits, una obra que ha transformado el comportamiento y la gestión del tiempo y los recursos para millones de personas alrededor del mundo, no se habría escrito si su autor, James Clear, no hubiera sufrido una seria lesión craneal que casi le cuesta la vida.
No hay mal que por Viaducto no venga
Es muy probable que el explorador Aron Ralston hubiera preferido conservar ambos brazos. Pero la experiencia traumática de tener que amputarse el derecho con una navaja para escapar del agujero en la roca en el que cayó en 2003 se transformó en un legado lleno de luz. No únicamente por la cantidad de conferencias alentadoras que ha ofrecido y por la película 127 Hours, que Danny Boyle dirigió inspirado en su historia, sino porque dejó una lección para todos los seres humanos: tienes que levantarte. Siempre.
Sin lugar a dudas hay experiencias mucho más tristes que llegar tarde a una fiesta, muriendo de hambre y con un six de cervezas tibias en la mano. Ni siquiera el hecho de haber escuchado canciones que no te gustan por todo el Viaducto para enterarte de que en el departamento de mis amigos sonaría Grupo Firme a todo volumen.
Lo bueno es que desde el viernes supe que ya tenía tema para el artículo del lunes.
Arturo J. Flores (@arturoeleditor) es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.
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