El aperitivo
Le confiaste a la IA algo que no le dijiste ni a tu pareja, tu mejor amigo o tu familia. Tranquilo, no eres el único. Un estudio de RAND Corporation, con una muestra entre adolescentes y jóvenes de entre 12 y 21 años en Estados Unidos, encontró que 19.2% usa chatbots para pedir consejos de salud mental; 40% más que en 2025. El dato que más importa: 63% no se lo contó a nadie más. Ni a sus padres, ni a un amigo, ni a un psicólogo… solo a la máquina. ChatGPT analizó 1.5 millones de conversaciones de sus usuarios de pago (estudio con el economista de Harvard David Deming, septiembre de 2025) y encontró que 70% de los mensajes son sobre asuntos personales. La usan como terapeuta. Y esa necesidad humana tan real es exactamente lo que explica por qué existe Yang Mun.
¿Quién es? Un monje tibetano que da enseñanzas de mindfulness y sabiduría ancestral. Tiene 2.5 millones de seguidores. Cobra 19.99 dólares al mes por una membresía llamada Inner Circle, con meditaciones guiadas, mensajes diarios y “enseñanzas exclusivas”. Millones de personas encontraron en él algo parecido al consuelo. El problema es que Yang Mun no existe. Lo creó un israelí llamado Shalev Hani con herramientas de video de Google y de la empresa HeyGen. No hay monasterio, ni años de meditación, ni una sola respiración real detrás de esa voz calmada.
Monk Shen, otro monje budista fabricado con IA, usa hasta micrófono de solapa para parecer más real frente a la cámara. Rabbi Menachem Goldberg promete “sabiduría ancestral para la prosperidad moderna” sin que nadie sepa quién está detrás. A Leya Love, que enseña mindfulness, la fabricó una empresa suiza de avatares llamada Cosmiq Universe AG.



