La venganza del CD: repuntan sus ventas

Ni Black Mirror lo vio venir. La Gen Z y el k-pop parecen traer de vuelta la necesidad de comprar música en formato físico en vez de pagar derechos por su reproducción en una nube.

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POR ARTURO FLORES

@arturoeleditor

El aperitivo

En 1982, José Luis Rodríguez el Puma grabó uno de los discos más exitosos de su carrera. Faltaban 17 años para que Shawn Fanning y Sean Parker crearan Napster y pusieran de moda el intercambio de música en archivos MP3 entre personas (P2P). De Spotify ni hablamos. La Tierra le daría 24 vueltas al Sol hasta que Daniel Ek y Martin Lorentzon constituyeron la manera en la que más de 777 millones de usuarios, de acuerdo con un reporte de la marca sueca, escuchan música en 184 países alrededor del mundo. Son pocos los territorios que no se han dejado invadir por la aplicación de streaming. El más importante de ellos es China, que cuenta con su propio proveedor de servicios: QQ Music.

Sin embargo, aquel álbum de José Luis Rodríguez que produjo Manuel Alejandro llevaba por título una frase que bien podría definir nuestros hábitos de consumo de entretenimiento en el presente. Se llamaba Dueño de nada.

El plato fuerte

El primer episodio de la séptima temporada de Black Mirror lo describe de una forma terrorífica, pero nada disparatada. En él, un matrimonio enfrenta una emergencia médica y el esposo se ve en la necesidad de producir un contenido humillante dentro de la dark web para poder pagar la suscripción digital a una empresa privada que le permite mantener con vida a su compañera.

Algo así como un Spotify, pero que, en vez de canciones, provee a un ser humano la posibilidad de rentar una especie de “nube cerebral” que hace funcionar sus neuronas. En la ficción, que a medida que avanza se parece cada vez más a nuestro día a día, la plataforma Rivermind ofrece planes de suscripción premium que —igual que Spotify o Apple Music— eximen al usuario de publicidad. La diferencia aquí es que los comerciales son implantados de forma directa en la mente de quien no puede pagar.

Así podríamos explicar la industria de la música en la actualidad. Curiosamente, no son los boomers o la Generación X, quienes crecimos escuchando los LP, casetes y discos compactos, los que se oponen a esta tendencia. Son los más jóvenes, la Gen Z, quienes cuestionan lo absurdo que resulta pagar renta por reproducir un contenido de entretenimiento del que nunca serán dueños.

De acuerdo con la compañía de datos Luminate, el consumo de CD repuntó en el primer semestre de 2026 en Estados Unidos. Se vendieron poco más de 16.3 millones de unidades. Al mismo tiempo, las ventas de discos de vinilo se elevaron un discreto 2.4%, lo cual se entiende porque sus precios son mucho más altos.

Una de las razones, sugiere el informe, se debe al auge del k-pop. Los artistas de este género implementan estrategias comerciales para promover la compra de discos compactos, que resultan mucho más prácticos y accesibles que los vinilos, como lanzar varias ediciones de un mismo disco o incluir photocards coleccionables. Tal fue el caso del álbum ARIRANG, de BTS.

Pero sobre todo, para una juventud que desde que nació ha enfrentado una realidad en la que no es propietaria de nada, donde los boletos de los conciertos, los libros y los videojuegos son digitales, comprarse un disco fortalece su relación de pertenencia con su artista favorito.

La sobremesa

El disco más vendido de la historia se publicó el mismo año que el del Puma. Se trata de Thriller, de Michael Jackson, que desde su estreno en 1982 ha vendido 70 millones de copias.

Bruno Mars es el artista con más oyentes mensuales en Spotify, con una cifra de más de 138 millones.

Los analistas reportan que el casete es otro formato que no solo se rehúsa a desaparecer, sino que podría cobrar un segundo aire. En el Reino Unido, 2025 reportó un aumento del 53% en la venta de casetes con respecto al año anterior.

Yo me pregunto: ¿ustedes tienen dónde escuchar un CD, un vinilo o un casete?

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Arturo J. Flores (@arturoeleditor) es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.

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