El aperitivo
Nunca en mi vida he peleado con los puños. Ocasiones no me han faltado. Pero siempre me las arreglé para escabullirme sin la necesidad de propinar (lo cual hubiera sido poco probable) o recibir (lo que seguramente habría pasado) un derechazo en la nariz.
Aunque “rifarse un tiro” venía escrito en el manual de la infancia, en mi caso conseguí saltarme la página.
Por eso, no pude estar de acuerdo con Claudia Sheinbaum cuando dijo que los videojuegos promueven la violencia. Propuso imponer un gravamen del 8% a los que tuvieran clasificaciones para adultos (C y D), aunque más tarde ella misma se echó para atrás.
Eso sí, en este mes la presidenta puso su firma en un decreto en el Diario Oficial de la Federación para regular las plataformas digitales, incluidos los servicios de videojuegos en línea. En resumen, empresas tecnológicas y de videojuegos, como Microsoft/Xbox, Sony/PlayStation y Nintendo, deberán reforzar la verificación de edad y habilitar sistemas de privacidad avanzados para menores de edad.
También obliga a las plataformas a habilitar enlaces directos con la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad para retirar publicaciones, chats o cuentas que promuevan la violencia escolar, el ciberacoso, el reclutamiento ilícito o los discursos de odio.
No suena mal. Pero como todo en internet, es muy complicado regularlo y, ya no digamos, ejecutar esas reglas.



