@arturoeleditor
Si lo dice un científico, se respeta. Pero si lo confiesa un cantante, se vuelve meme. Aunque en esencia, es la misma idea.
Isaac Newton y Cristian Castro comparten algo: reivindican el derecho al ocio. El físico inglés es protagonista de una leyenda no comprobada, aunque muy difundida, en la historia de la ciencia.
Newton se encontraba echando la flojera a la sombra de un manzano cuando, de pronto, una de las frutas se desprendió del árbol y lo golpeó en la cabeza.
El incidente lo inspiró a definir la Ley de la Gravitación Universal.
Pum. Se convirtió en el padre de la física.
El cantante mexicano, por su lado, se vio reducido a un meme luego de que confesara, en una entrevista, su gusto por no hacer nada.
Durante la entrevista que se viralizó, Cristian se quejaba con el conductor del programa: “A la gente le gusta hacer algo a fuerza y le quiero enseñar a la gente a no hacer nada”.
Se lo comieron vivo.
En 1752, William Stukeley publicó una biografía sobre uno de sus más íntimos amigos, titulada La vida de Sir Isaac Newton. En ella consignó la anécdota del manzano. Jura y perjura que la escuchó de boca del científico. No es mi intención ponerlo en duda. Lo que me interesa de la historia es lo que sucedió antes de que la fruta le causara un chichón. Newton realizó uno de sus más grandes hallazgos mientras disfrutaba de un momento de solaz y esparcimiento.
Más adelante, cuando su entrevistador lo cuestionó con tintes involuntariamente nihilistas: “¿Y qué es tu nada?”, el músico respondió, mientras apuntaba a la mesa que tenía enfrente: “Solamente mira esto negro”.
¿Está mal no hacer nada? ¿Nacimos para producir? ¿Los millonarios trabajan incansablemente?
Quienes se burlaron de Cristian tal vez ignoran que el magnate y filántropo Warren Buffett, auténtico gurú de las finanzas, tiene por hábito no hacer nada. Mucho más seguido de lo que piensas. En sus libros cuenta que, cuando tiene una decisión importante por delante, suele hacer lo contrario a lo que la mayoría de las personas recomiendan: se lo toma con calma.
Cierra por dentro su oficina y se aísla de cualquier tipo de estímulo o distracción. No habla con nadie. Sólo a través del descanso y la meditación obtiene la claridad que a otros les falta por intentar moverse rápido.
En el libro El monje que vendió su Ferrari, Robin Sharma dice que los Sabios de Sivana solían contemplar la superficie de un estanque para encontrar la paz.
De eso se trata la disciplina mindfulness, tan en boga: cerrar los ojos, escuchar tu propia respiración y estar presente en el aquí y el ahora. Para muchos, eso significa no hacer nada durante un rato.
Sólo a través de la calma, de no hacer nada, es que llega la claridad.
Personas adineradas, inversionistas y gurús financieros, como el ya mencionado Buffett, suelen tener en sus despachos un espejo de obsidiana. Cada vez que se les presenta la obligación de tomar una decisión complicada, se dedican a contemplarlo en silencio. Como dijera Cristian: “Solamente mira eso negro”.
En palabras de una canción de Caifanes: se pierde en un negro cósmico.
Hace tiempo, la esclavitud como la conocíamos terminó. Pero existen autores que aseguran que sólo cambió de forma. En vez de responder a la presión de un amo externo para que seamos productivos, hoy ese capataz con látigo habita dentro de nosotros. Las redes sociales fomentan una competencia imparable entre las personas. El éxito se mide por número de likes y la presión por beber de ese río de dopamina digital nos obliga a sacrificar el descanso en pos de ser los que más trabajan, los que más estudian, los que más producen.
Descansar, recuperarse, repararse mientras se coloca el cuerpo y la mente en modo avión son percibidos como una vil pérdida de tiempo.
A eso se refiere el filósofo surcoreano en su ensayo La sociedad del cansancio. Somos esclavos de la idea del rendimiento, el progreso y la superación.
A costa de ellos sacrificamos nuestra salud y el tiempo de calidad que podemos dedicar a nuestras relaciones personales y al más elemental de los derechos: el de no hacer absolutamente nada. Sin culpa ni remordimientos.
Porque nadie que haya sufrido un burnout puede llegar muy lejos… a menos que se trate de la sala de urgencias de un hospital.
En cambio, muchos de los grandes inventos y avances se descubrieron en momentos en los que sus autores no estaban trabajando. Incluso Mary Shelley, la autora de Frankenstein, contó que la historia de su novela vino a ella en medio de un sueño.
En un universo alterno, alguien como Cristian Castro hubiera sido percibido como un genio. Tal vez otro entusiasta de la contemplación lo hubiera invitado a sentarse a la sombra de un manzano para no hacer nada.
Quizá, y sólo quizá, la fruta le hubiera dado en la mollera al hijo de Verónica Castro y Newton nos enloquecería en un karaoke con su versión de Es mejor así.
Arturo J. Flores (@arturoeleditor) es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.
Todos los derechos reservados — 2026 © dobleuEse Atelier