El 6 de octubre, la presidenta Claudia Sheinbaum rechazó en su mañanera que “menopáusica” se use como insulto. Diez días...
Reconocer la menopausia no cuesta nada; protegerla en el trabajo, sí
El 6 de octubre, la presidenta Claudia Sheinbaum rechazó en su mañanera que “menopáusica” se use como insulto. Diez días después, anunció un nuevo protocolo de salud para la menopausia.
El aperitivo
El 14 de septiembre de 2026, el Senado aprobó por unanimidad (102 votos a favor, cero en contra) declarar el 18 de octubre como el Día Nacional de la Salud de la Menopausia. Semanas después, el 6 de octubre, la presidenta Sheinbaum defendió públicamente que llamar “menopáusica” a una mujer como insulto es un acto de discriminación. El 17 de octubre, la Secretaría de Salud anunció una nueva etapa en la atención de la menopausia como prioridad de salud pública: 18 millones de pesos de inversión inicial para terapias hormonales a mujeres sin seguridad social, capacitación para mil profesionales de primer contacto, y una campaña nacional de sensibilización.
En paralelo, en la Segunda Cumbre Sin Reglas (con la participación de la Secretaría de las Mujeres, la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, y la representación de UNFPA en México) se presentó un borrador de protocolo laboral para la menopausia. Incluye pausas programadas, permisos para citas médicas, flexibilidad de horario y capacitación a personal médico para no confundir síntomas hormonales con estrés. Es un esfuerzo genuino y bien intencionado.
Pero ese protocolo, tal como se presentó, está pensado para las instituciones de gobierno. No para la empresa privada donde trabaja la enorme mayoría de las mujeres mexicanas en edad de climaterio. Y la declaratoria del 18 de octubre, por sí misma, no crea ninguna obligación laboral nueva para ningún patrón, público o privado.
El plato fuerte
Los datos detrás de este momento explican por qué no debería quedarse solo en el simbolismo. Según el estudio de la Fundación Sin Reglas y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), 67% de las mujeres encuestadas dice que los síntomas del climaterio afectan su desempeño laboral o sus actividades diarias. Ocho de cada diez mujeres de 40 a 50 años experimentan alguna molestia relacionada: bochornos (57.4%), fatiga extrema (24.3%), dolor articular (22.6%), cambios de ánimo (21.7%) y problemas de concentración (13.9%). Y, sin embargo, siete de cada diez prefiere ocultar los síntomas en el trabajo por miedo a parecer menos capaz.
Solo 20% reportó haber cambiado su forma de trabajar, reducido su horario o dejado su empleo; el resto simplemente lo sobrelleva en silencio, sin apoyo: 61% dijo no haberse sentido comprendida ni respaldada durante esta etapa.
El costo no es solo humano. El propio estudio estima que hasta el 30% de la brecha salarial entre mujeres y hombres de 40 a 60 años coincide con esta etapa de la vida (sin que eso implique necesariamente una relación causal directa, pero sí una coincidencia que ningún empleador debería ignorar). Y la brecha de participación laboral ya es visible antes de esa edad: entre los 40 y 44 años, más de 70% de los hombres está empleado, frente a apenas poco más de 50% de las mujeres, según cifras citadas del propio INEGI.
Jurídicamente, el vacío es real. Ninguna disposición de la Ley Federal del Trabajo menciona la menopausia. La NOM-035-STPS-2018 obliga a identificar y atender factores de riesgo psicosocial en el trabajo, pero no la nombra como tal. El artículo 133, fracción I, de la LFT sí prohíbe la discriminación por razones de salud, edad o sexo, lo que en teoría permitiría a una trabajadora reclamar si es tratada injustamente por sus síntomas. Pero eso es una vía reactiva, para después del daño, no una obligación de acomodo razonable como la que ya existe en otros países.
El Reino Unido, por ejemplo, calcula que la menopausia le cuesta a sus empresas 14 millones de días laborales al año (alrededor de 1,880 millones de libras en productividad perdida), y que una de cada cuatro mujeres ha considerado dejar su empleo por esta causa. Esa cifra fue, precisamente, lo que empujó a cada vez más empresas británicas a adoptar políticas formales de acomodo, mucho antes de que existiera cualquier “día nacional” para el tema.
La sobremesa
Que un gobierno hable abiertamente de menopausia, invierta en su atención médica y rechace que se use como insulto es, sin duda, un avance real. Pero declarar un día y diseñar un protocolo para oficinas de gobierno es, comparativamente, lo más barato de hacer. Lo que todavía falta (una obligación de acomodo razonable que alcance a la empresa privada, donde trabaja la mayoría de las mujeres mexicanas en esta etapa) es lo que de verdad cuesta dinero, capacitación y voluntad.
La pregunta que debería hacerse cualquier empresa el 18 de octubre no es si va a publicar algo en sus redes sociales ese día. Es si una empleada de 48 años con bochornos, insomnio y problemas de concentración tiene hoy, en su lugar de trabajo, algo más que buena voluntad individual para sostenerse.
Christina Martínez (@chris.tuabogada)
Especialista en Derecho Corporativo, Laboral y Migratorio. Asesora a empresas nacionales e internacionales en estrategias corporativas, laborales, migratorias, cumplimiento normativo y transformación organizacional. Convencida de que ninguna campaña de sensibilización sustituye una política de recursos humanos bien diseñada.
Christina Martínez (@chris.tuabogada)
Especialista en Derecho Corporativo, Laboral y Migratorio. Asesora a empresas nacionales e internacionales en estrategias corporativas, laborales, migratorias, cumplimiento normativo y transformación organizacional. Convencida de que ninguna campaña de sensibilización sustituye una política de recursos humanos bien diseñada.
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