¿Storytelling, ciencia ficción o clarividencia?

En los años 50, un escritor vaticinó cuáles serían los adelantos tecnológicos de nuestro presente. Pero el final de su cuento no es feliz.

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POR ARTURO FLORES

@arturoeleditor

No hace mucho fue 5 de agosto de 2026. Puede que la fecha no signifique nada para ti, a menos que conozcas el cuento Vendrán lluvias suaves, de Ray Bradbury.

Publicado en Crónicas marcianas en el remoto año de 1950, el relato cuenta la historia de una casa automatizada en medio de una distopía en la que se han extinguido todos los seres humanos.

Un relato sin personajes humanos

He pensado mucho en esta historia últimamente. Más allá de que resulta admirable la manera en la que el autor norteamericano construye un cuento de ritmo vertiginoso sin personajes humanos, porque quien hace las veces de protagonista es la casa misma. Desde que la inteligencia artificial irrumpió en nuestras vidas no he parado de pensar en lo profético de la trama.

No solo porque la pluma de Bradbury se anticipó a describir objetos que se inventarían casi un siglo después, sino porque cuando lo leí por primera vez, a mis 18 años y cuando cursaba el tercer año de prepa, nunca me imaginé que llegaría el día en que Vendrán lluvias suaves se vería rebasado por la realidad.

La poesía de Alexa y las aspiradoras inteligentes

En el cuento de ciencia ficción se describe una bocina inteligente que lo mismo funciona como despertador para una familia ausente (Alexa), así como un ejército de ratones robóticos que se encargan de limpiar la suciedad, algo muy parecido a las aspiradoras circulares que muchas personas programan para dejar sus pisos relucientes como espejos.

Incluso, la bocina parlanchina es capaz de seleccionar una poesía para recitar en voz alta a los oídos de nadie. Sí, porque hace mucho los habitantes de la residencia desaparecieron sin dejar huella.

Uno de los versos que selecciona, original de Sara Teasdale, resulta igualmente inquietante a la luz de los acontecimientos de la actualidad:

“Y nadie sabrá nada de la guerra,
a nadie le interesará que haya terminado.
A nadie le importará, ni a los pájaros ni a los árboles,
si la humanidad se destruye totalmente”.

No se trata únicamente de que las batallas de hoy se libren con drones o desde la pantalla de una computadora. Es que hay otras que no necesariamente tienen que ver con armas de destrucción masiva o la apertura del Estrecho de Ormuz, y en las que los seres humanos igualmente llevamos las de perder. La guerra se libra por existir.

Recorte de personal

Hace una semana comí con un amigo. Me platicó que se vio en la necesidad de prescindir de los servicios de más de la mitad del personal de su empresa. La automatización y la implementación de agentes de IA volvieron insostenible una nómina de personas que ríen, sienten, lloran y se enfadan, pero también comen, duermen y de vez en cuando se toman una copa.

No lo culpo. Él mismo ha visto cómo algunos de los clientes que tenía dejaron de contratarlo porque ahora sus servicios son responsabilidad de una máquina que, cuando mucho, requiere de un ser humano que le dé mantenimiento.

Cabe anotar que apenas el año anterior había impartido una conferencia sobre storytelling para toda esa flotilla de creativos que ahora sólo eran fantasmas a los que mi amigo y yo evocamos mientras compartimos una burrata.

Todos los días escucho alguna noticia que tiene que ver con máquinas inteligentes. No hace mucho, un robot rompió el récord humano de medio maratón en Beijing: de 57 minutos con 20 segundos bajó a 50 minutos con 26 segundos.

También en el continente asiático, la aerolínea Japan Airlines comenzará a probar una plantilla de androides para cargar y descargar el equipaje de sus pasajeros.

Me tocó experimentar en carne propia parte de esta revolución. Por razones de trabajo, hace un año me embarqué en un crucero en el que un par de robots se encargaban de preparar los tragos. Sí, dos bartenders artificiales con los que no se podía platicar, por más que fueran capaces de servirte un Cosmopolitan.

Ciencia ficción que se hizo costumbre

También asistí a la presentación del prototipo de un vehículo volador (sí, como el DeLorean de Volver al futuro) que la marca Xpeng contempla lanzar en 2027. Cada titular informativo pudiera servir como premisa para una historia de ciencia ficción… aunque, para ser sincero, ya suena a cuento costumbrista.

Pero no es la avalancha tecnológica haciéndose realidad lo que me pone la carne de gallina ahora que releí aquel viejo cuento de Bradbury.

Vendrán lluvias suaves augura una realidad muy triste: la extinción de la raza humana. Sí, porque con todos nuestros defectos, contradicciones e incongruencias, sigo siendo alguien que disfruta de la compañía de otras personas.

Como escritor, ya sea de novelas, cuentos o hasta rutinas de comedia, me fascina observar a otros seres humanos. Fomento y disfruto del arte de la conversación.

¿Podría platicar con un androide acerca de sus sueños con ovejas eléctricas?

Lo dudo.

Esperemos que no le toque a una casa vacía leer líneas tecleadas en una computadora que no tuvo quién la apagara.

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Arturo J. Flores (@arturoeleditor) es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.

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