El anuncio de un nuevo superauto me cortó el aliento.
@arturoeleditor
Abro mi correo electrónico. Encuentro un boletín acerca del nuevo Audi Nuvolari. El nuevo superdeportivo de la marca alemana cuenta con un sistema de propulsión híbrido de altas prestaciones.
Eso quiere decir, como lo anuncia pomposamente el documento, que es el más veloz y potente lanzado por la firma en sus casi 130 años de historia.
El superauto es capaz de acelerar de 0 a 100 kilómetros por hora en solo 2.6 segundos. Pero eso no es todo. En solo 6 segundos puede rebasar los 200 kilómetros después de haber permanecido estacionado.
Leerlo me transportó a mi niñez. Aquellos días en los que los superhéroes como Superman, Flash o Speedy González rompían con la barrera del sonido.
Del primero decíamos que era “más rápido que una locomotora”.
El problema es que hace mucho tiempo que las locomotoras no son las más veloces. Vaya… ni siquiera existen ya.
El teléfono que te llevará a la luna
Hay una TED Talk en la que el periodista Carlos Vega muestra su celular a la audiencia y dice:
“Aquí hay más tecnología de la que se necesitó para llevar al hombre a la luna en 1969”.
Es una conferencia de hace casi 20 años. Sucedió en 2008. Lo que el colega enseña a la cámara es un teléfono mucho menos inteligente de los que llevamos actualmente en el bolsillo. Un iPhone que entre sus hermanos podría ser considerado como el más lento de la manada.
Pero las personas siempre queremos ser los más veloces, los más eficientes, los que “aprovechan” mejor cada minuto de los sesenta que caben en una hora. Consecuencia de esta modernidad líquida (Zygmunt Bauman… ejem, ejem), nos sumergimos en una vorágine por ser lo más productivos posible.
Cuando iba a la prepa estaban de moda los cursos de lectura veloz. Algunos te prometían terminar cientos de páginas en solo unos minutos con una comprensión de la lectura del cien por ciento. Soy un lector constante, pero nunca me llamó la atención hacerlo rápido. Disfruto el proceso. Aunque en el presente cualquier curso de consumo de libros de alto rendimiento se queda corto con la velocidad que tiene la inteligencia artificial.
La calma no suele verse como una cualidad. Las pausas, menos. Mientras más rápido acabemos lo que empezamos, más pronto podremos dedicarnos a otra cosa.
Pero lo que permite que el Audi Nuvolari acelere a 200 kilómetros por hora, es que antes estuvo detenido. Es más, mucho antes que eso, fueron solo piezas separadas que tuvieron que ensamblarse.
Leo después, en el mismo documento, que las 499 unidades del prototipo se entregarán hasta el año que entra. Aun así, debe haber quienes ya salivan por pisar el acelerador a fondo apenas se puedan subir al suyo.
Frenar es el nuevo acelere
¿Cuántas de esas personas que mueren por ser los más rápidos, los más veloces, los más conectados, los más productivos… tendrían la paciencia de sentarse delante del mar durante sus vacaciones y, desprovistos de su teléfono, auriculares y laptop, observar pacientemente el mar?
Escribió Juan Villoro una vez que el mar es el mejor espectáculo que existe para pensar.
Discúlpenme si esta vez me puse filosófico.
Es increíble todo lo que puede pasar cuando te pasas un buen rato observando el prototipo de un nuevo auto, inspirado en la fuerza y la velocidad de los automóviles de la Fórmula Uno.
¿Y si en vez de pisar el acelerador a fondo, hoy nos proponemos hacer una pausa?
¿Y si en vez de acelerar de 0 a 100 en 2 segundos, nos tomamos 2 segundos para frenar de 100 a 0?
Es una idea.
Aunque tratándose de un auto, lo confieso, nada se compara con acelerar a fondo en un camino despejado y permitir que el aire te acaricie el rostro.
Arturo J. Flores (@arturoeleditor) es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.
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