México es campeón en desapariciones

Un país puede organizar la inauguración del Mundial y recibir a un pato viral en la Mañanera, pero negarse a escuchar a las madres buscadoras que buscan a 130 mil desaparecidos.

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POR Gabriel Bauducco

@gabrielbauducco

México llega al Mundial con una estadística que ningún otro anfitrión ha llevado nunca en la espalda: 130 mil personas desaparecidas y no localizadas en el registro oficial, una cifra que, según la ONU, coloca al país en el primer lugar en desapariciones forzadas. Es el saldo de años de violencia.

El aperitivo

Las prioridades están trastocadas

En marzo, Claudia Sheinbaum presentó el nuevo corte de datos: 130,178 personas registradas como desaparecidas desde 2006, pero solo 43,128 consideradas como desapariciones “vigentes”, porque el resto tendría algún tipo de “actividad”. Algunos se vacunaron, otros asistieron a un servicio público de salud y algunos hasta votaron en una elección oficial. Un tercio de los casos no cuentan con la información suficiente para iniciar la búsqueda.

Lo llamativo es el contraste: mientras el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU y la CIDH describen el fenómeno mexicano como “generalizado” e “indiscriminado”, la presidenta niega que se trate de un crimen de lesa humanidad. Y las prioridades parecen trastocadas. El pato Merlín puede ser invitado a la conferencia mañanera, pero las madres buscadoras no son recibidas de manera formal y pública por la presidenta, quizá porque lo considera una emboscada política.

Bajo el gobierno de López Obrador, la Comisión Nacional de Búsqueda se volvió un actor incómodo, y su entonces titular, Karla Quintana, renunció en 2023 en medio de la depuración del registro, en desacuerdo con la forma en que se estaban tocando las cifras y los criterios. Desde entonces, el país vive en una especie de guerra de números. 

Argentina y Colombia también cuentan a sus desaparecidos por miles, pero México los supera a todos, según el Comité de la ONU, que ya acumula cientos de acciones urgentes.

El plato fuerte

Ellas cavan mientras el mundo mira el balón 

En Ciudad de México, Jalisco y otros estados sede, las madres buscadoras organizan marchas, vigilias y plantones que coinciden con partidos clave, con la inauguración y con las transmisiones que llenan la pantalla. No están “en contra del Mundial”, como repiten una y otra vez, buscan la atención de los medios internacionales. Ahí entra el espejo histórico. En 1978, la dictadura argentina organizó un Mundial ejemplar: estadios impecables, césped perfecto, cámaras orgullosas; mientras tanto, las Madres de la Plaza de Mayo caminaban en círculos alrededor de la Pirámide frente a la Casa Rosada, con pañuelos blancos y fotos de sus hijos desaparecidos. Medio siglo después, México repite el guión, con ajustes democráticos, pero vuelve a quedar ese cuadro raro donde se celebra una fiesta global al mismo tiempo que se minimiza, se discute o se matiza una crisis de desapariciones que ya rebasó todas las estadísticas conocidas.

La sobremesa

Madres cansadas y amenazadas, pero de pie 

En el país que celebra el Día de la Madre con flores y promociones, la Fundación para la Justicia ha documentado al menos 22 buscadoras asesinadas en los últimos 15 años. Es uno de los pocos lugares del mundo donde el riesgo mortal alcanza también a quienes buscan a las víctimas, como si la pregunta “¿dónde está?” valiera una bala. 

Cuando organismos internacionales hablan de más de 130 mil personas desaparecidas y el gobierno responde que hay que “revisar” el registro, las madres escuchan otra cosa: que su hijo, su hermana, su pareja podrían convertirse en “dato dudoso” dentro de un sistema que no fue capaz de encontrarlo.

¿Quiénes son esos desaparecidos? En muchos casos, sí, son jóvenes reclutados por bandas criminales, choferes, halcones, gente parte de la economía del narco. Otros son migrantes, mujeres, adolescentes, defensores de derechos humanos, periodistas, gente común. Por eso, las madres insisten en algo muy simple: no importa quién era su hijo ni qué hacía, el Estado tiene la obligación de buscarlo y de contar la verdad.

La desaparición, además, tiene una particularidad jurídica y moral: no prescribe. No se borra con el tiempo, ni con cambios de gobierno, ni con formatos nuevos de registro; mientras no se sepa qué pasó, el caso sigue abierto. Muchas de las madres saben que sus hijos están muertos. No protestan por necedad, lo hacen porque necesitan un duelo, un final: un cuerpo que enterrar, un hueso al que decirle adiós.

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Gabriel Bauducco (@gabrielbauducco) es un periodista que hizo carrera entre redacciones, sets de TV y libros de no ficción. Ha dirigido varias revistas. Hoy combina su faceta de entrevistador con la de editor, moviéndose entre medios, aulas y foros de discusión sobre política y comunicación.

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