“Farmear” el aura es el mosh pit silencioso. Change my mind.

Seguro escuchaste del trend. Si tienes más de 30 pusiste la misma cara que mi mamá cuando le decía que me gustaba el slam. En tiempos de tanta violencia, algo poético existe en el hecho de batirse en un duelo imaginario donde los contendientes no se tocan.

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POR ARTURO FLORES

@arturoeleditor

El aperitivo

Lo confieso. Tuve que preguntarle a ChatGPT. Me dijo que “farmear” el aura significa: “realizar actos, poses o actitudes para sumar puntos imaginarios de popularidad y estatus social ante los demás”.

El concepto viene de los videojuegos. Farming se utiliza en el universo gamer para describir la repetición de acciones que nos llevan a sumar puntos. El aura es ese brillo personal que cada quien derrama sobre los demás.

El plato fuerte

Desde hace unos días se han viralizado cientos de videos en los que gente muy joven se bate en singulares duelos de movimientos para “farmear” su aura. A los ojos de un boomer pudiera ser una coreografía de breakdance sin música. No faltará quien piense en un mimo que se bebió tres Red Bulls de corrido.

Pasó con los del six seven. Las generaciones que anteceden a los centennials y a la generación alfa no lo comprendieron. Nos tardamos demasiado en entender que representan la versión moderna de nuestro “dos, tres”.

Igual con los therians. Tal vez entre identificarse como un animal o librar aquella batalla campal entre los emos y los góticos en la Glorieta de Insurgentes no exista tanta diferencia.

Así, las batallas de “farmear” el aura pudieran ser el equivalente al mosh pit del pasado. Mosh, slam o pogo: tres denominaciones para identificar a un baile que los padres de quienes hoy pasamos de los cuarenta no entendían.

Se cree que a mediados de los 70, durante el surgimiento de la escena punk en Inglaterra, nació el mosh pit. Incluso, hay quienes dicen que Sid Vicious, el bajista de los Sex Pistols, lo inventó sin querer cuando llegaba tarde a tocar e intentaba abrirse paso entre la gente hacia el escenario.

Después, el baile se popularizó entre las agrupaciones de thrash metal de la bahía de San Francisco.

Para mi madre, el slam era solo empujones sin sentido. Lo mismo el wall of death o muro de la muerte, que es cuando la gente se divide en dos y corre a estrellarse igual que dos ejércitos de centuriones romanos.

El mosh pit es, a su manera, violencia controlada. Aunque haya caballazos, codazos y empujones, existe también un pacto no escrito: si alguien se cae, se le ayuda a levantarse.

A pesar de ello, existe riesgo. A un buen amigo tuvieron que reconstruirle el hombro después de quebrárselo en el pit al mismo tiempo que Ozzy Osbourne se presentaba en el Foro Sol. Hoy exhibe orgulloso su cicatriz.

En 2013, físicos de la Universidad de Cornell realizaron un estudio sobre el slam en los conciertos de heavy metal. Descubrieron que el caos que se genera se comporta de manera similar a la de un gas. Otra tesis sobre comunidades de heavy metal, realizada por la Universidad de Colorado, encontró que ese caos sostenido por el grupo genera una regulación emocional para la colectividad.

Es decir, que el mosh pit en realidad es terapéutico. Así lo revela en uno de sus videos la creadora de contenido y psicóloga clínica @catanocturna.

Los mayores bailamos slam en los 90 porque nos tocó lidiar con una realidad que arrastraba 70 años de gobierno del PRI, la creación del Fobaproa, el levantamiento del EZLN en Chiapas, el fin de nuestras pensiones y el surgimiento del sida.

Los más chicos necesitan salir a las calles a “farmear” su aura para lidiar con el hecho de que viven en un mundo con precariedad laboral, sin acceso a la educación ni al sistema de salud, un planeta devastado, la IA y un algoritmo esclavizante.

En una realidad donde todo apunta a la violencia, física, emocional y psicológica, me parece un acto poético que los jóvenes libren una guerra de poses sin tocarse.

La sobremesa

Para el sábado 22 de agosto, el creador de contenido Islas Vlogs convocó a librar la madre de todas las batallas de “farmear” el aura en el Monumento a la Revolución. Incluso ofrece un premio de 3,000 pesos al ganador.

Tal vez a Trump, Putin, Zelenski, Kim Jong-un, Noroña, Alito y hasta Andy les convendría dirimir sus diferencias sacando los prohibidos al estilo Thriller, pero sin música.

Aunque para “farmearla”, primero hay que tener un aura, y no despedir un halo de maldad.

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Arturo J. Flores (@arturoeleditor) es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.

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