El plato fuerte
El charro abstemio en el país de los borrachos
El mismo día que México le metió tres goles a Chequia, la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes reportó pérdidas de entre 12 y 15 millones de pesos a consecuencia de las limitaciones impuestas a la venta de alcohol.
Está prohibido beber en la calle. Eso siempre, y no solo cuando hay Ley Seca. Sin embargo, la medida que el Gobierno de la Ciudad de México impuso durante el pasado encuentro de la Selección Nacional con su similar de Ecuador no evitó que miles y miles de personas anduvieran por las calles con una lata de cerveza en la mano, un vaso para michelada escarchado con chamoy o, de plano, tomando tequila directo de la botella; como en aquellas películas de Pedro Infante y Jorge Negrete que veía mi abuela y que en la actualidad se proyectan en el puesto de jugos de mi colonia.
Curiosamente, ambos charros del cine de la Época de Oro eran abstemios.
Vivo muy cerca del Ángel de la Independencia. En una calle que en un día normal suele ser poco transitada. Pero el día que Quiñones causó vibraciones antropogénicas (confundidas con un microsismo) en la Ciudad de México por el golazo que le asestó a Ecuador, una pick up la atravesó a toda velocidad. En la caja iban cinco personas. Llevaban, además de una bocina de la que salía Don Omar a todo volumen, sendas caguamas que exhibían ante los transeúntes con el orgullo de un piel roja que recién hubiera arrancado el cuero cabelludo a un cowboy.
Otros tantos iban dando tumbos por la banqueta.



