La Casa de Toño: el negocio sin sobremesa

Si algo nos caracteriza como mexicanos son nuestras interminables charlas después de comer. Uno de los restaurantes más populares no apoya esa costumbre, y ahí radica parte de su éxito.

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POR ARTURO FLORES

@arturoeleditor

En La Casa de Toño está prohibido hacer sobremesa. Su servicio es veloz y así esperan que comas: rapidito y sin distraerte. En el momento en que no haya platillos ni bebidas sobre tu mesa, te acercan la cuenta. Con la misma celeridad con la que de la cocina salen platos de pozole, quesadillas y enchiladas, así se espera que los habitantes de las mesas releven sus turnos. Toda una maquinaria perfectamente aceitada que le arrancaría un aplauso a Henry Ford, quien implementó el ensamblaje móvil en la industria automotriz.

El aperitivo

Jugoso el negocio y el platillo

Por eso resulta paradójico que un restaurante en el que no debes hacer sobremesa sea motivo de esta sobremesa. Pero es que el chisme es tan sabroso como ese platillo de origen prehispánico preparado con granos de maíz cacahuazintle, carnita de cerdo y chiles secos. Estoy salivando. No sé si por el antojo o porque me urge contar esta historia: La Casa de Toño podría venderse en una operación millonaria. Pero, como cuando se deshebra la maciza… vamos por partes.

El plato fuerte

Un imperio sin franquicias

Cuenta la historia que el negocio se llamaba Las Dos Poblanas. Así lo bautizó Marco Antonio Campos en 1978 como homenaje a su madre y su abuela. Eran ellas quienes preparaban los antojitos que vendía en la banqueta en la calle de Floresta para ayudar a pagar sus estudios de Derecho. En un principio, tuvo un socio de nombre Miguel, quien era esposo de una de sus primas. Fue él quien invirtió la suma de dinero para comprar el anafre con el que mantenían calientes los guisados. Pero la sociedad se rompió el primer día, porque a Miguel no le alcanzó el temple para ponerse a vender en la calle. Ni siquiera reclamó su capital. Le dijo a Marco Antonio que lo tomara como un obsequio.

Las Dos Poblanas se hizo muy popular entre los vecinos de Clavería. Tanto, que semana a semana llegaban decenas de ellos a comer. Hasta que, para eludir la reglamentación gubernamental, Marco Antonio tuvo que instalar el changarro en la residencia familiar en 1985. Así adoptó el nombre que, de cualquier forma, ya le habían puesto los clientes: La Casa de Toño.

El éxito, como el pozole, es resultado de mezclar los ingredientes adecuados: los precios son muy accesibles, el sabor de los platillos es más que bueno, el servicio es producto de un cronometraje militar y lo que comenzó como un puesto callejero, ha extendido su operación a terrenos como el delivery y hasta la publicidad dentro de sus sucursales. Y es que, de acuerdo con su página web, marcas como Liverpool, Samsung, Coca-Cola y hasta la Secretaría de Gobernación pagan por aparecer en sus pantallas.

En su plataforma, La Casa de Toño asegura contar con más de 60 sucursales (los reportes periodísticos aseguran que son más de 80) que trabajan bajo una estricta vigilancia de procesos. Sus sucursales no son franquicias. Parten de un modelo de operación corporativa directa y centralizada, administrada por el corporativo fundado por Marco Antonio Campos.

Esto le asegura muchísimas ventajas: estandarización de procesos, costos (103 pesos un plato grande de pozole), porciones, proveedores y finanzas sanas.

No todo ha sido color de rosa. La estructura también ha sido objeto de duras críticas. En 2023, se viralizaron varios testimonios de empleados y extrabajadores de La Casa de Toño respecto a sus condiciones laborales: turnos de hasta 12 horas con descansos mínimos, descuentos vía nómina por romper loza y los famosos bolsillos cosidos de sus filipinas, para que no pudiera desviarse ni un peso de las propinas.

No existió un posicionamiento oficial de la empresa, pero la información ahí estuvo.

La sobremesa

El rumor de la venta

La semana pasada, Bloomberg dio a conocer que la empresa contrató a BBVA México como asesor financiero para operar una venta valuada en 400 millones de dólares. Entre los interesados podría estar Grupo Gigante, y el objetivo sería expandir las operaciones de La Casa de Toño dentro de México, Estados Unidos y otros países de Latinoamérica.

¿Han visto The Founder? La película de 2016 en la que Michael Keaton interpreta a Ray Kroc, el visionario que terminó arrebatando a los hermanos Richard y Maurice McDonald su restaurante de hamburguesas y el inventor de los célebres arcos de oro. Antes de que descubriera que el verdadero negocio radicaba en la compra de los terrenos que después le rentaría a los franquiciatarios, Kroc quedó impresionado por el Sistema de Servicio Speedee, que permitía preparar y servir una hamburguesa en menos de 30 segundos, sin meseros de por medio.

En el caso de La Casa de Toño, como en el de McDonald ‘s, el éxito de la marca no se le debe a la comida, sino al tiempo en el que se prepara, se come y se recoge el plato vacío. Aunque eso signifique sacrificar la sobremesa.

Provecho.

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Arturo J. Flores (@arturoeleditor) es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.

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