No ver para creer: la nueva moda de los conciertos de Ticketmaster

Esta semana, la boletera se puso en el ojo del huracán tras revelarse que había  localidades para ver a Bruno Mars en el estadio Wembley ubicadas en zonas donde solo podrías escuchar. “Es tu decisión si los compras”, parecía ser el argumento.

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POR ARTURO FLORES

@arturoeleditor

La pasión por la música en vivo y el temor al FOMO puede llevar a muchas personas a comprar un ticket en cuyo asiento no verá nada, ni siquiera en las pantallas. ¿Prosperará la medida?

El aperitivo

Me contaba un colega periodista que, en sus épocas de estudiante, se apuntó como vendedor de cerveza para un concierto. Llegó a la hora convenida al Foro Sol. Se formó en la misma fila que el resto de los contratados. Pero una vez adentro, cuando la gente se apretujaba bajo el escenario, aprovechó la oscuridad para perderse en medio de la multitud. Mientras caminaba, se iba quitando la camisa blanca que le pidieron llevar como uniforme. Abajo llevaba una camiseta de Héroes del Silencio, el grupo que se presentaría.

Muchos años después, se las arregló para obtener una beca para asistir a todos los conciertos que quisiera: se hizo periodista musical. Como nos pasa a quienes hemos tenido la oportunidad de trabajar en ello, le pagan por asistir a dos, tres o hasta cinco recitales por semana.

Cuando tu pasión es la música, eres capaz de hacer cualquier cosa.

Ticketmaster y Live Nation lo saben. Y, como buenos vampiros, se aprovechan de ello.

El plato fuerte

Esta semana se viralizó una noticia relacionada con la industria del entretenimiento en vivo: Ticketmaster puso a la venta boletos para el concierto de Bruno Mars en el estadio de Wembley, en cuyos asientos no verías nada. Sí, localidades que se encontraban a espaldas del escenario, donde ni de broma podrías disfrutar del show, tomar fotografías o videos, ni mucho menos contemplar las pantallas gigantes.

La boletera los publicitó como «No View – Audio Only Ticket» y tampoco eran baratos. Costaban nada menos que 58.35 libras, algo así como 1,400 pesos. Solo por el privilegio de decir que estuviste ahí, pero sin que pudieras ver absolutamente nada.

Hace un par de días estuve en el concierto de La Renga en México. La legendaria agrupación argentina se presentó en el Lunario del Auditorio Nacional. En algún momento, el cantante y guitarrista Gustavo Nápoli dijo que hacía mucho tiempo no ofrecía un concierto tan íntimo, en un escenario pequeño donde podía ver las caras de las personas. “Esto es como volver a los orígenes”, compartió.

Para un grupo que está cerca de cumplir 40 años y suele presentarse en estadios en su país, no es común volver a contemplar el pogo que hicieron los presentes o escuchar a los argentinos presentes corear las hinchadas futbolísticas adaptadas que suelen cantar antes de comenzar los conciertos.

Tal vez eso suceda cada vez menos. Desde que Live Nation y Ticketmaster se fusionaron en 2010 en una operación valorada en 2,500 millones de dólares, el gigante se encarga de la tecnología, el boletaje y los sistemas de venta para los conciertos.

Pero hay quienes han decidido pelear por los fans. Mientras Pearl Jam fue derrotado cuando intentó pelear contra la boletera en 1998, siendo obligado a trabajar bajo sus términos, The Cure consiguió lo que parecía imposible: en marzo de 2023, Robert Smith ejerció su derecho constitucional para rechazar los precios dinámicos y los boletos platinum de Ticketmaster, durante su gira Shows of a Lost World.

Su objetivo era proteger el bolsillo de los fans. Consiguió que el precio mínimo de los boletos se fijara en 20 dólares, lo que sonó, como su canción, Just Like Heaven.

Una polémica similar pasó con la casita de Bad Bunny, cuando se anunció que se colocaría en el General B del Estadio GNP Seguros, lo que beneficiaría a quienes pagaron una localidad más barata.

En el documental What Ticketmaster Doesn’t Want You To Know, producido por More Perfect Union, se realiza una comparación muy reveladora. En 1965, el boleto más caro para ver a The Beatles en el Shea Stadium costó 5.75 dólares, que ajustado a los costos de vida actuales equivaldría a 56 dólares.

Incluso más barato que los boletos para NO VER a Bruno Mars en Wembley.

La sobremesa

En marzo, mi amiga la creadora de contenido Solo Una Dany Más se hizo muy popular en redes por un reel que publicó en el que se quejaba de su experiencia en el concierto de Korn en el Palacio de los Deportes.

Según documentó, adquirió boletos que en ningún lado especificaban que serían de vista limitada… pero la realidad es que solo pudo disfrutar de la espalda de uno de los staffs de su banda favorita.

Meses después sí, las cosas cambiaron: donde algunos ven una tragedia, Ticketmaster vio una oportunidad. Ahora nos anuncia con bombo y platillo que pone a nuestra disposición asientos desde donde puedes escuchar el concierto mientras “scrolleas” en tu teléfono.

Nada que ver.

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Arturo J. Flores (@arturoeleditor) es escritor, periodista y guionista. Ha trabajado con publicaciones internacionales como In Touch y People en Español, además de haber sido editor de Playboy México. Es autor de varios libros entre cuento y crónica, así como ganador del Premio Justo Sierra O’Reilly de Novela. Está convencido de que, además de huesos y músculos, el ser humano está hecho de historias.

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