¿A quién le pertenece tu derecho a darte de baja de la vida?

Ayudar a alguien a morir en México puede costarte hasta doce años de cárcel, igual que a un secuestrador. Silvia tiene 69 años y un amparo en la Suprema Corte. Samara tiene 31 y organiza una marcha para agosto. Ambas pelean por su derecho a morir dignamente. La diferencia entre quitarte la vida y la muerte asistida enciende las redes, que también censuran.

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POR Gabriel Bauducco

@gabrielbauducco

La ley que protege tu cuerpo cuando alguien más quiere disponer de él es la misma que te lo confisca cuando eres tú quien ya no lo quiere. Desde 2008 puedes rechazar que te conecten a una máquina -eso se llama voluntad anticipada-, pero pedir que alguien acelere lo inevitable sigue siendo un delito. Morir más lento: legal. Decidir morir antes: cárcel. ¿Qué opinas?

El aperitivo

No tienes derecho a decir sobre ti

¿Alguna vez sostuviste la mano de alguien que te suplicaba morir? ¿Serías capaz de mirar a esa persona a los ojos y decirle que espere, porque no tiene derecho a decidir sobre su sufrimiento, que su cuerpo no le pertenece? En México, ayudarlo puede costarte hasta doce años de cárcel, la misma condena que a un secuestrador. La ley que protege tu cuerpo cuando alguien más quiere disponer de él es la misma que te lo confisca cuando eres tú quien ya no lo quiere. Desde 2008 puedes rechazar que te conecten a una máquina -eso se llama voluntad anticipada-, pero pedir que alguien acelere lo inevitable sigue siendo un delito. Morir más lento: legal. Decidir morir antes: cárcel.

El plato fuerte

Empatía para quien llora, no para quien sonríe

Silvia García Castañeda (69 años), tanatóloga, dedicó su carrera a acompañar la muerte de los demás, superó un cáncer de mama hace dos décadas, pero la enfermedad volvió y mucho más agresiva. La Suprema Corte aceptó revisar su amparo para determinar si la ley que le prohíbe pedir ayuda para morir es constitucional. Quiere morir en paz y rodeada de su familia, pero la ley, por ahora, se lo niega.

Samara Alejandra Martínez Montaño tiene 31 años y vive con un lupus eritematoso sistémico, que le destruyó los riñones hasta dejarla con insuficiencia renal terminal. En vez de esconderse, sonríe en sus redes y organiza una marcha para el 28 de agosto para exigir que el Senado apruebe la Ley Trasciende, la iniciativa que ella misma impulsó. A muchos les incomoda que ella sonría: es más fácil compadecer a quien llora que a quien elige con lucidez cómo irse.

Desde la mirada religiosa, la Arquidiócesis Primada de México dice que legalizar la eutanasia sería una salida falsa, mientras el sistema de salud no ofrezca cuidados paliativos dignos. Algo que puede parecerse a: “quieres morirte no porque vivir se ha hecho insoportable, sino porque no te cuidan como deberían”. Y algo de eso hay. Aunque la ley dice que los cuidados paliativos (medicinas contra el dolor, contención psicológica para el paciente y su familia, asegurarles bienestar) están garantizados, todos sabemos que hay un colapso en el sistema de salud. Esas medicinas, esa contención y ese bienestar para acompañar tus últimos días no siempre llegan.

La sobremesa

El bozal que impone Meta

Mientras tanto, el jurista Diego Valadés pregunta algo que se resume así: ¿con qué derecho el Estado impone una convicción religiosa que no todos comparten? 

Según cifras de la asociación Derecho a Morir Dignamente, 72.7% de los mexicanos está a favor de la eutanasia. Entre los jóvenes de 18 a 34 años, la cifra sube a 8 de cada 10.

El caso es que mientras muchos mexicanos debatimos esto, solo podemos hacerlo “casi” libremente, porque en Facebook, hablar de tu propia muerte puede activar las mismas reglas que Meta usa contra contenido de autolesión. Al francés Alain Cocq, enfermo terminal, le bloquearon la transmisión en vivo de su despedida por “mostrar intentos de suicidio”, aunque él insistía en que era un acto médico legal (y lo era), no un suicidio. Discutirlo vale la pena.

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Gabriel Bauducco (@gabrielbauducco) es un periodista que hizo carrera entre redacciones, sets de TV y libros de no ficción. Ha dirigido varias revistas. Hoy combina su faceta de entrevistador con la de editor, moviéndose entre medios, aulas y foros de discusión sobre política y comunicación.

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