Barbie no vale 100 millones de dólares. ¿O sí?

Warner lleva tres años, seis ofertas rechazadas y un reloj que corre hasta diciembre. Las cuentas de la secuela que nadie quiere firmar, y por qué a Mattel tampoco le conviene esperar.

El aperitivo

Warner Bros. toca la puerta de la Dreamhouse desde 2023 y nadie le abre. Más de seis ofertas en tres años, todas rechazadas por el mismo equipo que hizo historia con la primera Barbie: la directora Greta Gerwig, el guionista Noah Baumbach y los protagonistas Margot Robbie y Ryan Gosling, los cuatro representados por CAA. La última propuesta —“dinero que cambia vidas”, según fuentes del estudio— tampoco alcanzó. Mientras tanto corre el reloj: Warner tiene hasta diciembre de 2026 para meter la secuela en “desarrollo activo” o los derechos regresan a Mattel. Nadie está actuando gratis, ni siquiera para salvar la franquicia que los hizo ricos.

EL PLATO FUERTE

La pelea no es de ego, es de estructura de pago: el equipo pide más dinero por adelantado y mayor porcentaje de las ganancias después del estreno; aunque fuentes cercanas aclaran que no están pidiendo first-dollar gross (cobrar desde el primer dólar en taquilla, antes de que el estudio recupere su inversión). Ryan Gosling quiere 20 millones de dólares por volver a ser Ken. Margot Robbie, que se llevó unos 50 millones entre sueldo y participación en la primera cinta, y Gerwig, que ganó decenas de millones, buscan subir la apuesta. Ceder a todo el paquete le costaría a Warner más de 100 millones de dólares solo en adelantos, contra un presupuesto de producción original de 145 millones. Contratar de nuevo al equipo ganador cuesta casi lo mismo que producir la película entera. David Zaslav no ha cedido. Gerwig y Baumbach, mientras tanto, ya traen la historia en la cabeza, pero se niegan a escribir una sola línea hasta que los contratos estén firmados: la pluma como rehén de la negociación.

La sobremesa

Para que brilles el fin de semana, la ironía completa: Gerwig dijo que tenía “cero interés” en una secuela; Robbie aseguró que “no hacía falta” una segunda parte. Hoy, ambas negocian como si sí hiciera muchísima falta. Si diciembre llega sin firma, Mattel recupera los derechos, pero por contrato no puede tocar ni una coma del universo de Gerwig: ni el guión, ni el Kenergy, ni un solo mueble de la Dreamhouse. Tendría que reiniciar la franquicia desde cero, con otro elenco y otro director. Y a Mattel tampoco le sobra el tiempo para especular: las ventas de la muñeca cayeron 11% en 2025, después de una caída similar en 2024: el “Barbie Bump” del verano rosa ya se convirtió en slump. Los cuatro que negocian tienen más leverage que nunca, justo cuando el dueño de la marca menos puede darse el lujo de esperar.

¡Por Dios! No peleen, yo la hago por un millón de dólares. “Joven, tráigame unas medias de seda (coctel ochentero rosa, rosa, rosa) para ir entrando en personaje”.

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Sagrario Saraid (@ssaraid) Comunicación y branding estratégico. Escribe los jueves en Sobremesa sobre negocios, mercados y las tendencias que le quitan el sueño a la C-Suite. Cree que toda cifra de mercado esconde una historia de comportamiento humano —y que vale la pena contarla bien.

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