Una cosa es hostigar y otra acosar
A lo largo de mi carrera he participado en diversas investigaciones internas derivadas de denuncias por acoso laboral. También he impartido múltiples capacitaciones sobre prevención de discriminación y violencia en los centros de trabajo.
Y hay un patrón que se repite con frecuencia incómoda. En mi experiencia, cerca de 95% de las personas no distingue con claridad qué es acoso sexual, qué es acoso laboral, qué elementos los caracterizan y cuál es el alcance de señalar formalmente a otra persona como acosadora.
Ese desconocimiento es peligroso en dos direcciones.
Primero, porque puede hacer que una víctima real tarde en denunciar o no sepa cómo hacerlo.
Segundo, porque puede llevar a que un conflicto laboral, una falta de respeto o una mala práctica de liderazgo sea etiquetada automáticamente como acoso.
Y no son lo mismo.
La propia Ley Federal del Trabajo distingue el hostigamiento y el acoso sexual: el primero implica ejercicio de poder en una relación de subordinación; el segundo puede existir aun sin subordinación, cuando hay abuso de poder que coloca a la víctima en indefensión o riesgo.
El acoso laboral tiene otra lógica. El modelo de la STPS lo describe como una forma de violencia que se presenta en una serie de eventos orientados a intimidar, excluir, opacar, amedrentar o consumir emocional o intelectualmente a la víctima, causando daño físico, psicológico, económico o laboral-profesional.
Ahí está la clave: no todo acto incorrecto es acoso, pero todo acto incorrecto merece ser revisado.
Una falta de respeto puede ameritar una sanción. Un insulto puede justificar una consecuencia. Un abuso de autoridad puede revelar un problema serio de liderazgo. Pero llamar a alguien “acosador” no es un adjetivo más en la oficina. Es una imputación que puede afectar su carrera, su reputación y su vida profesional.
Por eso, una investigación bien hecha no minimiza denuncias, las ordena. Y no desacredita a quien denuncia.
Protege el proceso. No encubre conductas.
Distingue entre conflicto, violencia, acoso, hostigamiento, mala gestión y falta de respeto. Y esa distinción importa.
Porque cuando todo se llama acoso, la palabra pierde fuerza. Y cuando eso ocurre, quienes verdaderamente viven acoso quedan peor protegidos.