Las gordas somos feas, las flacas no… ¿pooooor?

El aperitivo

En tiempos feministas, de conciencia del cuerpo y de respeto a los demás seres humanos, seguimos hablando de gordofobia luego de que el dueño de Abercrombie, Mike Jeffis, declarara que él no contrataba gordos en su empresa.

Pues bien, la obesidad sí es un problema que causa estragos a la salud, empezando por la grasa abdominal que encapsula a los órganos y que tapa las arterias. Todos estamos de acuerdo con eso. Lo mismo pasa con las personas que sufren desórdenes alimenticios: la consecuencia es que sus órganos dejan de funcionar. Hasta aquí todos estamos de acuerdo.

El Plato Fuerte

El problema viene cuando cualquier persona con cualquier rollo de grasa ya es tildada de “gorda”, mientras que cualquier persona delgada a la que le sobresalgan las clavículas ya es una “anoréxica”. La diferencia es que a la flaca se le va a considerar “envidiable” y a la gorda “asquerosa”. Nadie la quiere, nadie va a contratarla porque va a enfermarse o, peor aún, “no representa la imagen de la empresa” (así sea un call center sin aire acondicionado).

Las personas rellenas, chubby o exuberantes, si hablamos solo de masa muscular y cuerpos grandes (los famosos curvy), son desdeñadas constantemente. Alguna vez un director de comunicación me dijo “delgadez es elegancia”, con una arrogancia digna de la conciencia de clase y no del intelecto ni de la calidez humana que el puesto requería.

En otra ocasión, leí un artículo que pululaba en Twitter en el que el autor afirmaba que las élites eran extremadamente delgadas porque eso significaba que no conocían la carencia (“ahorita que hay, como de más, porque después quién sabe si haya”). Además, porque los pechos pequeños, en el caso de las mujeres, eran sinónimo de que no amamantaron, pues ese era el papel de las nodrizas en los tiempos coloniales. Sus ADN físicos eran así, sostenía el texto, y las élites modernas lo perpetúan aun si sus cuerpos no son delgados.

Hoy en día sabemos que el tamaño de los pechos y las caderas no influyen en la lactancia ni en la fertilidad, respectivamente. Sin embargo, la idea de que una mujer delgada es más refinada, más sexy, misteriosa y elegante persiste como en los tiempos coloniales en los que solo las nodrizas, las cocineras y las criadas (término que se aplicaba a las indígenas “criadas por el patrón español para aprender a portarse”) eran las “chonchas”.

Así que a fin de cuentas volvemos a la conciencia de clase: las gordas son corrientes; las flacas son finas. Esos estereotipos persisten en todas las esferas sociales de la actualidad y no solamente en la televisión, el cine y en general, en el entretenimiento. Lo perpetúan las tiendas de ropa, las empresas comerciales y corporativos de cualquier tipo.

También los hombres que no quieren salir con una mujer “porque tiene lonjas” (y él una panza de chelero que parece pelota de yoga) y las mujeres que critican a otras mujeres por su aspecto.

Engordar no tiene que ver con carencia tanto como con ansiedad y asuntos emocionales, según datos del médico Seth Meyers, publicados en Psychology Today en enero de 2021. “Falta empatía hacia las personas obesas y las que tienen sobrepeso”. 

Además, si se tiene sobrepeso por antojadizo, por llevar un estilo de vida complicado (dícese de las garnachas afuera de las oficinas) o simplemente por genética, la gordura es considerada de mal gusto para una sociedad occidental, neoliberal y capitalista que celebra el consumismo, el culto a la imagen y la moda fast fashion, y creada para siluetas privilegiadas e inalcanzables para muchas personas.

La sobremesa

Esa conversación se convierte en un asunto serio: en que las madres tengan conversaciones con sus hijas, en que las maestras lo aborden en las clases humanistas y en que los medios seamos responsables para advertir a las jóvenes y niñas que tanto la extrema delgadez como el extremo sobrepeso son peligrosos, pero que ser flaca no es necesario en la vida, y que las personas robustas y obesas merecen respeto y su peso no puede definir su valor. Esto, quizás, es lo más importante para decirle a una chica.

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Gabriella Morales-Casas es periodista desde 1993 y se desempeña como comentarista de televisión y radio, además de ser creadora de contenido en @elprincipadogaby. Como consultora de comunicación y relaciones públicas, ha trabajado en dobleuEse Atelier desde 2020, donde actualmente es directora de Foreign Affairs.

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