¡Qué difícil es ser neutral!

El aperitivo

Si no eres fan de Meghan eres racista; si repruebas las acciones en Gaza eres antisemita… De lo más banal a lo más grave, en este mundo actual es imposible mantener una imagen pública neutral porque cualquier opinión que tengas será incendiaria.

El Plato Fuerte

La última década tuvo un auge la izquierda y el pensamiento liberal, todos nos volvimos tolerantes a lo distinto y lo “diversx”, a lo woke… Hasta que la izquierda también se volvió radical y empezaron a quejarse los conservadores, quienes se mantenían callados para no ser cancelados. 

Ahora se comportan igual. Recientemente, una prestigiada psicóloga del deporte fue destituida de un equipo profesional de los Estados Unidos porque en su sesión grupal dijo que le daba mucho gusto ver a jugadores de tantas nacionalidades y razas distintas compartir un equipo. Alguien la acusó de “racista y xenófoba”. Yo no sé ustedes, amigos lectores, pero no encuentro ni lo uno ni lo otro en dicha afirmación.

Cada cuanto comento en posts de colegas míos en Reino Unido sus videos sobre Meghan Markle, la esposa del príncipe Harry. Basta con que ponga: “Estoy de acuerdo”, para que me caigan hordas de haters que sienten que la defienden insultando a cualquiera que haga un comentario que no sea para alabarla. La mayoría son fans pero también bots, según el estudio de mercado que pagué en Influencity para rastrearlos. Cualquiera que no la ame, entonces la odia.

Un último y reciente ejemplo sucedió con la columna incidental (porque no trabaja ahí) del comentarista judío Ezra Shabot en Nexos, al tildar a las infancias de Gaza como futuros “yihadistas” y definir a toda la población como terrorista, justificando el genocidio de Israel a la franja palestina. Por un lado, los intelectuales más jóvenes y liberales exigieron que se bajara del portal dicha columna, por replicar un discurso de odio sin más argumentos que la opinión personal de un señor. 

Por el otro, los intelectuales y periodistas mayores de 60 años apoyaron “la libertad de expresión” que debe prevalecer en una democracia… Sin embargo, dichos personajes olvidan que el periodismo tiene algo que se llama responsabilidad y que parte de otro concepto que se llama “ética”. Yo puedo creer muchas cosas, pero no voy a espetarlas como si se tratara del diario de un borracho.

Los periodistas, como las figuras públicas que aprecien su estatus, debemos mantener neutralidad o bien objetividad. Incluso, si tienes una línea editorial definida, una ideología antigobiernista, propalestina, antiliberal o profamilia, debes hacerlo con argumentos, datos y citas. También debemos responsabilizarnos de nuestros seguidores. Meghan sabe que sus fans son violentos y no hace nada al respecto, pero sigue dando conferencias sobre “ciberacoso y violencia digital”. El chiste se cuenta solo.

El hecho de que J.K. Rowling se pronuncie a favor de los derechos de las mujeres y en contra de la transexualidad femenina es su derecho constitucional y democrático. El problema de ella es la semántica: decir que se siente anulada por las personas de género fluido que destituyen las palabras “mujer, maternidad y femenino” porque se sienten ofendidas, en efecto es poderoso. Pero decir que son monstruos, abortos de la naturaleza y que no tienen derecho a existir, es otra cosa. 

Ya no hablemos de feminismo que ahora es sinónimo de una mujer malvada y amargada que odia a los hombres y los acusa falsamente; decirlo es un pasaporte a la discriminación laboral (otra más para las mujeres). Intentar explicarle a un hombre que no todos son violentadores pero sí lo suficiente como para desconfiar de ellos y vivir en alerta, es como decirle a Trump que no todos los mexicanos somos criminales ni narcotraficantes.

Yo no puedo saber lo que es ser una mujer afroamericana en el seno de una familia real eximperialista y aria o una mujer que vive en el cuerpo equivocado; pero sí sé lo que es la discriminación y al abuso racial, el ciberacoso, el genocidio, el infanticidio, una violación o cualquier otro crimen individual o de estado que suceden en nuestras sociedades. Y ahí radica la premisa de esta humilde columna. ¿Quién decide qué está bien y qué está mal decir?

La sobremesa

Me considero una persona liberal que respeta a los demás, a sus opiniones y sus formas de vivir, pero claro que tengo mis ideologías sociopolíticas. Procuro escuchar a los que piensan distinto a mí y trato de entenderlos. Si decido para mis valores que están mal, opto por no discutirlo y, en vez de pelear, los defino y tomo decisiones a partir de ahí. Es lo prudente en lo personal.

Cuando se trata de periodismo y publicidad es distinto: los mensajes deben enviarse con mucho cuidado, responsabilidad y argumentos. Siempre voy a defender mis puntos de vista profesionales y aceptaré si llega el contrafuego; porque es verdad que a veces lo que dices o escribes se oye y se lee bien en tu mente, pero al salir a la luz el significado es totalmente distinto para los demás. 

Por eso el único parámetro que cuenta es el ético y ese es el único hilo conductor entre lo personal y lo profesional. ¿Lo que digo va con lo que vendo, lo que pienso abona al debate o solo chupa fuego? No es tan difícil, pero sí es difícil. Hoy en día ya no se puede ser neutral.

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Gabriella Morales-Casas es periodista desde 1993 y se desempeña como comentarista de televisión y radio, además de ser creadora de contenido en @elprincipadogaby. Como consultora de comunicación y relaciones públicas, ha trabajado en dobleuEse Atelier desde 2020, donde actualmente es directora de Foreign Affairs.

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