Que se escuche hasta la cima, el mexicano es un chingón

Las mejores campañas del Mundial en México no las hizo ninguna agencia… ¡Plof! Y yo, soy una “Morilover”.

Todos los cirios encendidos y rosarios en la mano para este domingo, ¿no?

El aperitivo

Tres fenómenos están definiendo la conversación de este Mundial, y ninguno salió de un plan de medios ni de una junta de brainstorming

«Esto es México», el himno no oficial del Tri, no lo escribió una disquera: lo subió Coray, creador independiente de León, Guanajuato (26 años), con IA y cero presupuesto de producción, pues hace música pero vive de vender zapatos y perfumes en TikTok y un poco de todo. Sí, esa canción que dice “Esto es México, cabrones. Representen los colores. Verde y blanco es la pasión. Y el rojo es resurrección. Pongan huevos, jugadores. Representen los colores. Detrás hay una nación. Que los quiere ver campeón. Que se escuche hasta la cima. El mexicano es un chingón”.

Esa canción despegó solo porque Claudia Sheinbaum la puso en su mañanera y confesó que era su canción favorita, groserías incluidas. «¿Y si sí?» nació de una respuesta improvisada de Efraín Juárez en la Liguilla de Pumas, sin campaña ni dueño detrás, y hoy trae hasta los tinacos de Rotoplas pintados con la frase, los empaques de Sabritas, los espectaculares de Dr. Simi y hasta los Huevos San Juan. 

Y la selección misma luce distinta: más joven que en Catar 2022, con Gilberto Mora -17 años- como el menor de todo el torneo. Para ponerle perspectiva, Memo Ochoa ya jugaba en la selección cuando esta criatura iba naciendo, incluso lo llama “mi niño”. Aaaaawwww. Pero es que la energía, valor e irracionalidad que uno tiene a los 17 años es de añorar cuando uno ve jugar a este bambino, inspira. Mora, Morita, soy tu “Morilover”.

Nadie del área de marketing escribió ninguno de estos tres guiones. Pero uno de los tres sí tuvo brief, y por diez años: ese es justo el que vale la pena destripar.

El plato fuerte

El dato que debería quitarle el sueño a cualquier director de marketing.

World Advertising Research Center (WARC) calcula que este Mundial moverá 10,500 millones de dólares en pauta publicitaria global, y aun así lo que de verdad conectó no salió de esas cuentas de medios. Coray no pagó un peso de pauta; Juárez no tenía objetivo de negocio cuando respondió esa pregunta en zona mixta. En cuanto la calle validó ambos mensajes, las marcas corrieron a montarse: Corona lo aterrizó con su pato Merlín y un «vamos por ti Ecua-cuador» que fue puro oficio publicitario, y hasta los patrocinadores oficiales -Adidas, Coca-Cola, Lala- se subieron al mismo grito, que un rato antes le pertenecía nomás a la afición de Pumas.

Con la selección pasa el caso inverso: ahí sí hubo brief, y lleva diez años sobre la mesa. Desde 2016, cuando Juan Carlos Osorio empezó a convocar «torres» a propósito -tanto que Chicharito bromeó que armaba «una selección de básquetbol»- la federación caza estatura tras convocatoria. 

El resultado, una década después: el plantel 2026 promedia 179.5 cm, prácticamente lo mismo que hace diez años, y es de las cuatro selecciones más bajitas de las 48 de este Mundial. Ni siquiera estamos solos en el sótano: Argentina, la campeona vigente, también aparece entre las plantillas más chaparras con 179.7 cm, la prueba más elegante de que la estatura nunca fue el verdadero problema. ¿Qué les digo? Los chaparritos tenemos lo nuestro; dijera la Trevi: “Este pedacito es lo que te tiene jodido”.

Lo que sí cambió es el proceso completo detrás del jugador. César Montes, 1.95 m, es de los centrales más altos en la historia reciente del Tri, pero el dato que de verdad importa no es su estatura: esta generación ya no sale nomás de la mejor de la liguilla del barrio. Buena parte se formó en academias -de Liga MX o de la MLS- con nutriólogo, psicólogo, GPS y análisis de datos desde niño. El propio Mora, joya precoz y todo, entrena de siete de la mañana a seis de la tarde y además estudia matemáticas en el bachillerato. Ya no se descubre talento, se fabrica; con la misma lógica de un programa de desarrollo ejecutivo. Súmale naturalizados, como Fidalgo y Quiñones, y el cliché del chaparrito bigotón se desdibuja por preparación y diversidad de origen, no por estirón colectivo.

La sobremesa

Cuatro para presumir en tu próxima comida. 

Uno: a la canción de Coray ya le salió un clon casi idéntico en Spotify -firmado por ARTI Queen & DJ Gargantúa bajo el sello Boom Vibes Music-, pero no, la buena es esta YA EN SPOTIFY. Escuchen y denle play a la de Coray, quien no esperaba tal éxito y ni registró a tiempo y mucho menos previno monetizar, pero ya lo asesoran. Me cuentan.

Dos: si usas “¿y si sí?”, ponle el acento al segundo “sí”; sin él es nomás una conjunción condicional, no una declaración de fe.

Tres: Y hablando de soñar, este domingo, en el último partido del Mundial en suelo mexicano, el Tri se juega el sueño del sexto partido -algo que México no logra desde 1986- contra Inglaterra, en el Azteca. Llega invicto y sin un gol en contra en todo el torneo. ¿Qué va a pasar? Ni las IA se ponen de acuerdo -ChatGPT, Gemini y Meta reparten el favoritismo-, aunque las casas de apuestas inclinan la balanza 56-44 a favor de los ingleses. Nadie descarta, eso sí, ni la altitud -los estadios ingleses están casi a nivel del mar, el Azteca a más de 2,200 metros- ni el «factor serenata»: la afición ya organiza mariachis para desvelar el hotel inglés esta madrugada, (jajaja) y el cuerpo técnico visitante ya viajó con colchones propios para blindarse (hahaha)

Pero pues yo tengo otros datos:

Cuatro: Hace setenta años, Chava Flores le preguntaba con sorna a los mexas: “¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?”… Y este domingo, con lluvia pronosticada y media nación armando serenata ya sea pa’ desvelar a los ingleses o pa’ festejar el triunfo, la pregunta ya no es autocrítica: es nomás eso, una pregunta con acento. ¿Y si sí?

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Sagrario Saraid (@ssaraid) es fundadora y directora de dobleuEse Atelier, agencia de comunicación con más de 20 años de experiencia en proyectos editoriales, manejo de crisis, branding y marketing digital. Ha colaborado con marcas como HP, The New York Times, Peanuts, SAP, Fibra Danhos, Intel, GCC, Cisco, Diez Company y Great Place to Work. Escribe los jueves en Sobremesa y sigue creyendo que las mejores ideas nacen entre el postre y el primer carajillo.

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