El plato fuerte
El problema no es anecdótico. Según datos de la Asociación Mexicana por la No Discriminación Laboral por Edad o Género (ANDLEG), el 90% de las vacantes disponibles en México excluyen, de facto, a personas mayores de 35 años, dejando apenas 10% del mercado laboral formal abierto para ese segmento. El perfil que buscan la mayoría de las ofertas es consistente: máximo 28 años, entre tres y cinco años de experiencia; una combinación que, matemáticamente, casi nadie cumple sin haber empezado a trabajar en la adolescencia.
La ley mexicana ya lo prohíbe con toda claridad. El artículo 133, fracción I, de la Ley Federal del Trabajo establece que está prohibido: “Negarse a aceptar trabajadores por razón de… edad… o cualquier otro criterio que pueda dar lugar a un acto discriminatorio”. No es una zona gris. Es una prohibición expresa.
Y ahí está exactamente el motivo por el que el lenguaje cambió. Escribir “de 25 a 35 años” en una vacante es una confesión por escrito, perfecta para una queja ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Escribir: “buscamos energía joven” o “equipo con mentalidad digital” logra el mismo filtro, sin dejar evidencia tan directa.
Y funciona igual de bien, aunque suene más sutil.



